Edicion mayo 11, 2026
Con Elcida Ariza el 4 de mayo.
Publicidad

Comparte

Columnista - María Isabel Cabarcas Aguilar
Columnista – María Isabel Cabarcas Aguilar

En estos días mi mamá ha estado muy presente. La he sentido fuerte en mi corazón, en los sueños, y también en las voces de quienes recibieron en vida su cariño o que fueron depositarias del de ella. En un remoto mes de mayo nació, el día 11, en 1938, la mujer que más me ha amado y quien fuera además, mi gran maestra de vida. 

Recientemente, liderando algunos eventos notaba en el público al hablar, el afecto y la empatía que se refleja en el rostro de manera natural. El 2 de mayo en medio de la Gala Cultural “Los Lazos que nos unen”, recibí un mensaje de su amiga Enith Mejía. Ella, llena de esa calidez natural que es tan caribeña, me expresó que había trabajado con mi mamá y que siempre la escuchaba expresarse con orgullo de su hija. Rompí en llanto y la abracé, siendo correspondida enseguida a mi gesto de niña anhelante de ese abrazo de madre que sentía que llegaba en un momento en el que lo necesitaba y mucho. 

Con Elcida Ariza el 4 de mayo.
Con Elcida Ariza el 4 de mayo.

Había sido una tarde retadora física y emocionalmente por el compromiso asumido de lograr un espacio exitoso. Y allí, en la voz de una mujer que probablemente no habría notado antes por la cantidad de personas que habían asistido al evento, llegaba el afecto de mi mamá a casi seis años de haber trascendido a otro plano, intacto como todo lo de ella, sublime, real, y fuerte, como el amor trascendente. 

Publicidad
Publicidad

Dos días después, en la jornada académica los Diálogos del Gran Caribe, una señora que me miraba como quizás ella lo hubiera hecho, resaltaba ante mis ojos en el público. Con el transcurrir de la jornada el salón se fue despejando y ella permaneció inamovible. Su sonrisa era amplia y en sus ojos se reflejaba la paz de quien ha aprendido a vivir serenamente. Al acercarme a su vecina de silla, mi estimada Nubia Mejía, para entregarle la edición impresa de la Revista SER Caribe me tomó de la mano: “Yo fui muy amiga de tu mamá” expresó amablemente. Nuevamente llegaba en medio de otro día retador, el afecto de mi madre en una voz que hasta ese momento había sido extraña, pero cuyo mensaje fue directo a mi corazón, como si fuese mi madre Ena Luz Aguilar Arismendy quien me hablara: “Yo te sigo, te leo y me siento tan feliz por lo que haces…tu mamá está orgullosa de ti”. Eso anhelo, le respondí entre sollozos. 

Con Enith Mejiìa el 2 de mayo.
Con Enith Mejiìa el 2 de mayo.

Ahora, al escribir estas letras, lloro como en ambas ocasiones, extrañándola como el primer día de su partida, pero agradeciendo también a Dios por habérmela concedido como madre, y por haber permitido que sus mensajes llegaran a mí a través de quienes fueran depositarias de su cariño y de su manera única de ser amiga, pues así era ella: especial e incondicional con aquellos a quienes apreciaba. 

Publicidad

En este mes de las madres, mi oración y amor al cielo por y para ella, por el amor trascendente que marcó una huella profunda y única, y que no deja de sentirse presente porque siempre busca maneras de enviar recordatorios y mensajes sin importar el plano. Gracias a Dios por ellas, las madres que nos sostuvieron, cuidaron, encaminaron, acompañaron y siguen acompañando en el camino de la vida, y que cada tanto envían mensajes para hacernos sentir que no estamos solas. ¿A ti también te ha sucedido? 

Publicidad

úLTIMAS NOTICIAS

Noticias Más Leídas

Publicidad
Publicidad