Edicion mayo 11, 2026

La grandeza eterna de ser madre 

La grandeza eterna de ser madre 
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Columnista - Alcibíades Núñez Manjarres
Columnista – Alcibíades Núñez Manjarres

En medio de las dificultades económicas, sociales y emocionales que atraviesan miles de hogares colombianos, existe una figura que permanece firme, silenciosa y resiliente: la madre. Ella representa la columna vertebral de la familia, el refugio incondicional y la fuerza capaz de sostener generaciones enteras aun en medio de la adversidad. Hablar de las madres no es solamente referirse al acto de dar vida. Es reconocer a esa mujer que sacrifica sueños propios para abrir caminos a sus hijos; la que permanece despierta cuando todos duermen; la que aconseja, protege, corrige y ama sin condiciones. En cada hogar colombiano y costeño hay una historia marcada por la fortaleza de una madre que luchó contra la pobreza, la ausencia, el dolor o el abandono para sacar adelante a su familia.

La celebración del Día de la Madre tiene raíces profundamente antiguas. Desde la mitología griega, donde se rendían honores a Rea, madre de Zeus, Hades y Poseidón, pasando por la tradición romana conocida como Hilaria, hasta llegar al cristianismo, que trasladó el homenaje a la Virgen María, símbolo universal de amor y entrega maternal. En Colombia, esta fecha quedó institucionalizada mediante la Ley 28 de 1925, firmada por el entonces presidente Pedro Nel Ospina, estableciendo el segundo domingo de mayo como el día dedicado a exaltar a las madres colombianas. Sin embargo, más allá de las flores, serenatas y reuniones familiares, esta fecha debe convertirse en un momento de reflexión colectiva sobre el verdadero papel de la mujer en la sociedad. Porque mientras muchas madres celebran rodeadas de afecto, otras enfrentan realidades dolorosas marcadas por el hambre, la violencia intrafamiliar, el desplazamiento, las amenazas, la discriminación y el abandono emocional.

La región Caribe conoce bien el significado del sacrificio femenino. Son incontables las mujeres que han levantado hogares enteros vendiendo alimentos, trabajando en escuelas, Universidades, oficinas, mercados o emprendimientos informales. Mujeres que, pese a las dificultades, siguen siendo ejemplo de dignidad y perseverancia. En lo personal, esta fecha también despierta gratitud y memoria. Es imposible no recordar a esas madres y mujeres valerosas que dejaron huellas imborrables en nuestras vidas.

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A mi madre Delia Rosa (q.e.p.d.), esa mujer valerosa que siendo viuda a temprana edad nos educó y sacó adelante a cinco hombres y una mujer: También felicito a mis hermanas Adalinda, María Beatriz, y Olga, profesionales luchadoras y emprendedoras; a mi esposa Nola, una compañera única e incondicional; a mi nuera Sary Mary, a mis tías Beatriz (q.e.p.d.), Foncha, Eva, Eloísa, Filomena, Pilar (q.e.p.d.) Susana (q.e.p.d.), Cándida (q.e.p.d.) y Nectalina (q.e.p.d.), las cuales han sido mi segundas madres. A mis compañeras de trabajo mujeres que trabajan incansablemente para que la juventud Barranquera y Hatonuevera se eduquen en una institución educativa de calidad, ellas son Zoraya, Milena, Brigitte, Erlime, Yacira (q.e.p.d.), Ana Beatriz, Ledys, Ingrid, María Pía, Angélica, Orlanis, Matilde, Simona, Mayda (q.e.p.d.), Olivia, Nadimis, Felicita (q.e.p.d.), Cielo Mireya, Saila, Elba, Leonor, Yajaira, Nelly, Noelbys, Yelis, María Bernarda, Saralida, Inglentina, Gladys, Darcy, Katia, Liceth, Coreana, Yeisi, Yuliana, Laura, Aida, Nohemí, Dairis Gómez, Alina Gómez, Yanis Amaya, Yulieth Zabaleta, Rosa Ojeda y Carmen Pilar, quienes son mi familia en la Institución Educativa Remedios Solano, que junto con ellas formamos un gran equipo que está “educando jóvenes para un mundo de oportunidades”.

Igualmente, felicito a mis compañeras de estudio en la promoción 1978 de la Institución Educativa el Carmelo, esas mujeres dinámicas y emprendedoras son Adalinda, Ana Alcira, Ana Josefa, Betty, Eloísa, Emilda, Jackeline, Lesbia, Malvís, Mamita, María Cecilia, María Victoria, Marta Virginia, Norma, Oliva y Rosa Clara vega.  De la misma manera felicito a mis compañeras de estudio en la Maestría en Gerencia Financiera de la Universidad del Zulia, ejemplo de la fortaleza y constancia de la mujer costeña, ellas son Atis, Denis, Estela, Maribel, Mireya y Zuly Madero. Hoy, más que felicitar, debemos comprometernos como sociedad a valorar más a nuestras madres, esposas, hijas, hermanas y compañeras. El respeto, el afecto y la protección hacia la mujer no pueden limitarse a una sola fecha en el calendario. Deben convertirse en una práctica diaria y permanente.

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Que este Día de la Madre no sea solamente una celebración comercial, sino una oportunidad para reconocer que detrás de cada familia sólida existe casi siempre una mujer que ha entregado su vida entera por amor. Porque las madres no solo sostienen hogares: sostienen el alma misma de la sociedad colombiana.

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