Edicion mayo 13, 2026

200 años diálogos del Gran Caribe

200 años diálogos del Gran Caribe
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Columnista - Hernán Baquero Bracho
Columnista – Hernán Baquero Bracho

El Encuentro Caribeño Colombo–Neerlandés Mma Pe´ipaasü no fue simplemente una agenda diplomática o cultural. Fue, en esencia, la confirmación de que el Caribe sigue siendo un territorio vivo de memoria, mestizaje y fraternidad histórica. Dos siglos después del establecimiento de relaciones entre Colombia y el Reino de los Países Bajos, Riohacha volvió a demostrar que es uno de los puertos espirituales más importantes del Gran Caribe.

La historia de La Guajira no puede entenderse sin la presencia de Aruba, Curazao y las antiguas Antillas Neerlandesas. Durante siglos, el comercio, las migraciones, los vínculos familiares y las expresiones culturales tejieron una hermandad silenciosa entre las costas guajiras y las islas del Caribe neerlandés. Lo ocurrido en Riohacha durante estas jornadas fue, más que una celebración, un reencuentro con nuestras raíces.

Resulta profundamente simbólico que la apertura se realizara el 2 de mayo, fecha en la que se conmemora el Día de la Guajiridad y la histórica rebelión wayuu de 1769. Allí convergieron la memoria indígena, el espíritu libertario y la vocación caribeña de un pueblo que jamás ha renunciado a su identidad.

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La Plaza Almirante José Prudencio Padilla se convirtió en un escenario de dignidad histórica. La ofrenda floral y el izamiento de banderas recordaron que Riohacha ha sido, desde tiempos coloniales, un punto estratégico de conexión entre Colombia y el Caribe insular. Padilla, héroe naval nacido en estas tierras, representa precisamente esa dimensión marítima y universal del Caribe colombiano.

El recorrido por la esquina holandesa de Riohacha permitió revivir la huella de familias provenientes de Aruba y Curazao que ayudaron a construir el desarrollo comercial y cultural de la ciudad. Las casas patrimoniales, los apellidos, las historias familiares y las memorias compartidas hablan de una integración que nunca dependió de tratados diplomáticos, sino de afectos humanos y destinos comunes.

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La Casa Pinedo Deluque se convirtió en un símbolo de esa memoria colectiva. Allí descendientes de familias caribeñas dialogaron con representantes diplomáticos en un ambiente cargado de emociones, recuerdos y sentido de pertenencia. En esos encuentros se comprende que la diplomacia más sólida no nace únicamente desde los gobiernos, sino desde las familias y las culturas que sobreviven al paso del tiempo.

La gala “Los Lazos que nos Unen” fue una demostración del inmenso poder cultural del Caribe. Música, literatura, danza, teatro y memoria confluyeron en una sola noche para recordarnos que el arte sigue siendo el idioma más poderoso de la integración regional.

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La presencia de figuras como la embajadora Carolina Olarte, la embajadora Reina Buijs y el ministro de Cultura de Curazao Sitree van Heydoorn dejó claro que el Caribe ya no puede verse como una periferia geográfica, sino como un eje estratégico de cooperación cultural, económica y humana.

Uno de los momentos más significativos fue el lanzamiento de la segunda edición de la Revista SER Caribe, un proyecto editorial que se ha convertido en una plataforma intelectual del Caribe contemporáneo. Allí convergen voces de diez países bajo una visión integradora que reivindica nuestras identidades y nuestras historias compartidas.

Y es precisamente en ese escenario donde emerge con fuerza la figura de María Isabel Cabarcas. Su liderazgo cultural ha sido determinante para fortalecer estos puentes entre La Guajira, Colombia y el Caribe neerlandés. Con sensibilidad, visión y disciplina intelectual, ha logrado consolidar espacios de encuentro que hoy adquieren dimensión internacional.

María Isabel Cabarcas representa una nueva generación de mujeres guajiras que entienden que la cultura también es diplomacia, desarrollo y construcción de territorio. Su trabajo no se limita a coordinar eventos o dirigir publicaciones; ella ha sabido interpretar el alma caribeña desde la elegancia del pensamiento y el compromiso con la memoria histórica.

Definitivamente, María Isabel encarna la estampa de una guajira con belleza e inteligencia Caribe. Su presencia transmite la mezcla exacta entre tradición y modernidad, entre sensibilidad cultural y capacidad organizativa. En ella confluyen el carácter firme de La Guajira y la sofisticación natural de las mujeres del Gran Caribe.

En tiempos donde muchas regiones pierden conexión con sus raíces, encuentros como Mma Pe´ipaasü permiten recuperar la conciencia histórica de nuestros pueblos. Riohacha no solamente fue anfitriona de un evento internacional; fue el escenario donde el Caribe volvió a reconocerse a sí mismo.

Los paneles académicos demostraron además que esta relación histórica puede proyectarse hacia el futuro mediante el intercambio económico, turístico y educativo. La participación de empresarios, historiadores, gestores culturales y representantes institucionales permitió construir una visión moderna de cooperación regional.

Especial valor tuvo el panel sobre nexos familiares, porque recordó que entre La Guajira, Aruba y Curazao existen lazos de sangre que trascienden fronteras. Muchos apellidos guajiros tienen origen neerlandés o antillano, y muchas familias caribeñas encuentran en Riohacha parte de sus raíces emocionales y culturales.

La moderación impecable de Ivette Pinedo Pabón evidenció también el alto nivel profesional del talento humano guajiro. Mujeres preparadas, cultas y orgullosas de su identidad están liderando hoy la narrativa cultural del departamento ante el mundo.

Estos 200 años de relaciones entre Colombia y el Reino de los Países Bajos encuentran en Riohacha un símbolo perfecto de integración. Aquí el Caribe no es un discurso turístico; es una realidad histórica que se escucha en los acentos, se siente en la música, se observa en las familias y se proyecta en iniciativas culturales como la Revista SER Caribe.

El Encuentro Caribeño Colombo–Neerlandés dejó una enseñanza profunda: el futuro del Caribe dependerá de su capacidad para reencontrarse con su memoria y convertir su diversidad en fortaleza. Y en ese camino, figuras como María Isabel Cabarcas seguirán siendo fundamentales, porque representan la inteligencia cultural de una Guajira que dialoga con el mundo sin perder jamás su esencia.

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