Villanueva, reconocida en otros tiempos como la gran despensa agrícola de la región, encuentra hoy su principal riqueza y mayor tesoro en su invaluable patrimonio cultural. Nuestro municipio conserva el legado más importante de la música vallenata, representado y proyectado a través del Festival Cuna de Acordeones. Sin embargo, ha llegado el momento de que este festival deje de ser únicamente una celebración anual de cuatro días.
No se trata solo de garantizar la realización de la fiesta, sino de preservar su calidad, el respeto por el folclor y el prestigio nacional e internacional que Villanueva ha construido a lo largo de 47 versiones. Hoy la responsabilidad es aún mayor, pues sin perder su esencia debemos aprovechar esta tradición para proteger nuestro patrimonio cultural, dinamizar la economía local, fortalecer el turismo y generar oportunidades para artistas, emprendedores y la comunidad en general.
Un evento de esta dimensión y trayectoria requiere una estructura financiera sólida y planificada con anticipación. La disminución de los apoyos económicos tradicionales nos obliga a actuar con responsabilidad y realismo frente a la situación financiera actual. Por ello, el Festival Cuna de Acordeones debe transformarse en un motor permanente de empleo, turismo, educación y desarrollo para nuestra gente durante los 365 días del año.
Debemos construir un ecosistema cultural propio que proteja nuestra identidad y fortalezca nuestro sello de “Folclor es Cultura y Villanueva es la Cuna”, garantizando además el futuro cultural de las nuevas generaciones.
Con conocimiento de causa, a partir de mi experiencia profesional, puedo afirmar que la formulación y gestión de proyectos culturales exige planeación estratégica, fortalecimiento institucional, presupuestos realistas, cronogramas rigurosos, fuentes de financiación claras, procesos de contratación transparentes, seguimiento constante y capacidad de ejecución. Esta ha sido la metodología técnica que hemos propuesto durante años para el festival. Sin embargo, una cosa es plasmar estos principios en un documento y otra muy distinta aplicarlos con rigor. Solo su implementación efectiva garantizará resultados sostenibles en el tiempo, ya que eventos de esta magnitud no pueden organizarse de manera improvisada.
Tampoco se trata de planear únicamente cuatro días de fiesta mientras persisten otras necesidades importantes en el municipio. Esta realidad nos obliga a replantear el enfoque actual y mirar más allá. Ante este planteamiento, podría decirse que a la Fundación Cuna de Acordeones no le corresponde asumir funciones propias de la administración municipal. Sin embargo, para lograr resultados efectivos, la Fundación y la Alcaldía tienen que ser aliados estratégicos para trabajar de manera articulada y liderar las políticas públicas relacionadas con la cultura, el folclor y el turismo, consolidando a Villanueva como un destino atractivo durante el festival y a lo largo del año. Diseñar un plan de acción significa trazar el camino hacia una transformación cultural y económica que convierta este evento en un beneficio permanente para la comunidad.

Aunque estas propuestas no producirán resultados inmediatos, sí establecen una visión de futuro orientada a transformar el modelo de financiación hasta alcanzar mayores niveles de sostenibilidad, generando oportunidades económicas para todos los sectores de la población villanuevera.
Este proceso debe comenzar con la preservación y difusión de nuestra herencia cultural. El festival debe convertirse en una institución viva que enseñe de manera permanente los saberes del acordeón, la caja, la guacharaca, la piqueria, la composición y los arreglos musicales mediante escuelas y programas de formación que funcionen durante todo el año. Estos espacios beneficiarían a niños y jóvenes, tanto locales como visitantes, bajo la orientación de los grandes maestros de nuestras dinastías vallenatas y de las nuevas generaciones de artistas.
A partir de esta base educativa, será posible consolidar una marca territorial de orgullo que posicione a Villanueva en el ámbito nacional e internacional como la tierra de las grandes dinastías vallenatas. Esta riqueza cultural podrá reflejarse en museos, escuelas de música, monumentos, muestras gastronómicas y otros espacios de promoción cultural.
Este posicionamiento permitirá que Villanueva se consolide como un destino turístico permanente, capaz de atraer visitantes de forma continua y no solamente durante las festividades. Para lograrlo, será necesario reactivar las glorietas, abrir al público las casas de los compositores, diseñar rutas turísticas estables y proyectar, a largo plazo, un espacio temático que reúna en un solo lugar la historia cultural de Villanueva y la región. Asimismo, se deberán recuperar infraestructuras estratégicas, como el hotel local, y aprovechar los atractivos naturales que ofrece el municipio, entre ellos el río en su parte alta y el emblemático Cerro Pintao.
Como consecuencia, el flujo permanente de visitantes impulsará una plataforma de desarrollo económico capaz de dinamizar la actividad comercial y diversificar las fuentes de ingreso. Esto beneficiará a artesanos, restaurantes, hoteles, hospedajes, transportadores y comerciantes, generando además la necesidad de realizar múltiples eventos culturales y turísticos durante el año.
Finalmente, para sostener este proceso bajo principios de corresponsabilidad, transparencia y rendición de cuentas, es fundamental gestionar el apoyo de fundaciones, empresas privadas, organismos de cooperación internacional, Fontur y el Ministerio de Cultura, entre otros aliados estratégicos.
Todo este esfuerzo debe converger en un proyecto de Estado y no únicamente de gobierno; es decir, en un modelo de gobernanza para el Festival Cuna de Acordeones que cuente con archivos históricos, metas de corto, mediano y largo plazo, y mecanismos que permitan dar continuidad a los procesos más allá de los cambios de administración. De esta manera, se reducirá progresivamente la dependencia exclusiva de los recursos públicos y se fortalecerá la sostenibilidad del festival en el tiempo.
Por: Yadira Mendoza Jimenez






