
El nuevo descubrimiento de gas en el pozo Sandía‑1 confirma que algo grande se está configurando en el Caribe colombiano. No es una frase para celebrar un anuncio y pasar a otra cosa. Sirius, Copoazú y ahora Sandía muestran que existe una provincia gasífera con capacidad para cambiar parte del futuro energético del país.
La noticia importa, sobre todo, porque Colombia necesita ese gas. Las reservas probadas vienen disminuyendo y cada año se hace más evidente la necesidad de importar para atender la demanda. Sirius podría comenzar a producir hacia 2030, si se cumplen los permisos, las licencias y las decisiones de inversión. Sandía está mucho más atrás: allí apenas comienza la evaluación del descubrimiento.
Conviene hacer esa precisión. Encontrar gas no significa tenerlo disponible mañana. Tampoco significa que todo el volumen identificado pueda extraerse o venderse. Entre un pozo exitoso y un campo en producción hay años de estudios, licenciamiento, acuerdos, ingeniería, infraestructura y mucho dinero.
Dicho eso, La Guajira no puede quedarse mirando. Nuestro departamento ayudó durante décadas a sostener el abastecimiento de gas del país mediante los campos Chuchupa y Ballena. Tenemos experiencia, infraestructura y una ubicación que pocos territorios pueden ofrecer. Ahora se proyecta una planta de regasificación conectada al complejo Ballena y diseñada también para facilitar, en el futuro, la entrada de gas proveniente de campos costa afuera.

Las condiciones están ahí. Lo que todavía no está garantizado es que los beneficios se queden en el territorio. Hay una verdad incómoda: tener los recursos cerca no asegura empleo local, contratación regional ni desarrollo empresarial. Una operación puede realizarse frente a nuestras costas y abastecerse desde otra ciudad. Puede contratar servicios especializados en otros departamentos. Puede traer el talento humano que no encuentre aquí. Eso no sería una injusticia inesperada; sería la consecuencia de no habernos preparado.
Por eso no basta con pedir participación. Tenemos que construir capacidad. La Guajira necesita una agenda concreta para el gas y las operaciones costa afuera. Una mesa permanente que reúna al Gobierno nacional, la Gobernación, los municipios, las empresas operadoras, universidades, centros de formación, comunidades y sector empresarial.
Lo primero es conocer la demanda futura. ¿Qué bienes y servicios comprarán estos proyectos? ¿Qué certificaciones exigirán? ¿Cuáles pueden prestar las empresas guajiras y qué brechas deben cerrar? Sin esa información, cualquier promesa de encadenamiento productivo se queda en discurso.
Lo segundo es preparar talento humano. Las oportunidades estarán en mantenimiento, soldadura especializada, metalmecánica, logística marítima, seguridad industrial, monitoreo ambiental, alimentación, alojamiento, transporte, tecnología y servicios profesionales. No todos los empleos estarán sobre una plataforma. Buena parte del valor se moverá alrededor de ella.
También debemos discutir el uso productivo del gas. El departamento no debería limitarse a observar cómo el recurso entra al sistema nacional. Tenemos que evaluar, con seriedad técnica y económica, qué actividades industriales podrían desarrollarse en La Guajira y qué infraestructura necesitan. No se trata de inventar proyectos para llenar documentos. Se trata de identificar inversiones viables que generen empresas y empleo.

Hay otro asunto que no puede tratarse como una nota al pie: las comunidades. La experiencia demuestra que un proyecto sin confianza territorial no avanza. La conversación con las comunidades, los pescadores y las poblaciones costeras debe comenzar temprano, con información comprensible y sin promesas imposibles. El respeto de sus derechos es una obligación y, además, una condición básica de viabilidad.
La transición energética tampoco puede convertirse en una discusión falsa entre gas y energías renovables. La Guajira tiene viento, sol, gas e infraestructura estratégica. Puede aportar confiabilidad mientras crecen las fuentes renovables y puede hacerlo bajo estándares ambientales exigentes, controlando emisiones y protegiendo sus ecosistemas.
El hallazgo de Sandía‑1 merece optimismo. Pero un optimismo despierto. La Cámara de Comercio de La Guajira está dispuesta a acompañar la preparación del tejido empresarial, promover el desarrollo de proveedores y convocar una conversación seria sobre el futuro energético del departamento.
El gas está ahí. Ahora tenemos que evitar que la oportunidad también se quede mar adentro.






