
1. “Porque mío es todo primogénito de entre los hijos de Israel, en lugar de todo primer nacido; los he tomado para mí en lugar de los primogénitos de todos los hijos de Israel”.
Números 8.
Los levitas fueron apartados de entre los hijos de Israel para servir en el tabernáculo. El día que Dios permitió la muerte de todos los primogénitos de Egipto, perdonó la vida de los de Israel. Por este motivo, Dios demanda la consagración de todo primogénito de Israel (Éx. 13:2). La razón por la que Dios escogió a los levitas es para que ministren delante de Él en lugar de todo primer nacido.
Los levitas colaborarán con los sacerdotes para servir en el tabernáculo a favor de la redención del pueblo. Su rol será ser un mediador entre Dios y el pueblo, reconciliando a los pecadores de la ira de Dios para restaurar su comunión con El. Nosotros también fuimos rescatados y llamados por la gracia divina.Sirvámosle, pues, y aparrémonos del mundo en santidad.
Moisés, Aarón y toda la congregación de los hijos de Israel hacen con los levitas conforme al mandamiento. Los levitas se purifican de los pecados y lavan sus vestidos. Son presentados por Aarón como una ofrenda mecida, para expiación de sus pecados y purificación. Después, comienzan a servir los levitas en el tabernáculo. Su ministerio cuenta con la aprobación y el apoyo de la comunidad. Solo servirán los que tienen entre 25 a 50 años.

Cumplidos los 50 años, deberán descansar, pero podrán seguir apoyando a los más jóvenes dentro del tabernáculo. El tiempo de consagración y servicio en la obra de Dios es limitado. Los ministros de Dios colaboren con la comunidad, y sigan apoyando con sus experiencias y sabiduría aún después de retirarse del ministerio.
Dios forma a la persona justa en el momento justo para consumar la obra de Su reino. En Dios solo existen diferentes papeles, pero no hay discriminación. Así, Dios felicitará a todo aquel que cumpla con su deber de manera humilde, honesta y respetando a Dios: ”Bien, buen siervo y fiel” (Mateo 25:21).
Por lo tanto, nosotros, que fuimos apartados del mundo como cristianos, debemos cumplir con nuestro deber de guiar hacia Dios a las personas que morirán inevitablemente a causa de su pecado. Para esto debemos tener cuidado en todo momento de no opacar la gloria del santo Dios y mantener puro nuestro corazón e interior.
El fiel que pasa a ser posesión de Dios debe dedicarse a servir al prójimo y al Señor con un corazón puro.
Dios les guarde.






