
Riohacha vive un fenómeno cultural que no puede pasar desapercibido. Se trata del llamado “efecto Gamarra”, impulsado por el talento emergente de Óscar Gamarra, un joven artista que con su voz, carisma y autenticidad ha conquistado el corazón del público local y nacional. Pero más allá del reconocimiento artístico, su presencia representa una ola de transformación económica y social que beneficia directamente a la ciudad.
Óscar Gamarra no solo canta: moviliza. Su crecimiento ha traído consigo una activación de la economía creativa en Riohacha. Eventos musicales, presentaciones en vivo, contrataciones artísticas, diseño gráfico, producción audiovisual, logística, turismo cultural y consumo en negocios locales como restaurantes y hospedajes, son solo algunos de los eslabones que se han fortalecido con su ascenso.
En su primer trabajo discográfico denominado Tridimensional lanzado el 17 de septiembre del 2022, impactó la ciudad desde la hoteleria ocupada al 95% y el ambiente festivo en toda la ciudad, siendo acompañado por su Gamarrismo con su atuendo de color amarillo realizando una caravana suntuosa por las diferentes calles de la ciudad, adicionalmente el espectacular concierto organizado en el estadio de sóftbol que fue abarrotado en un 100% e incluso quedando un gran número de personas por fuera a la expectativa de ver a su artista en escena.

Cada presentación de Gamarra genera empleo directo e indirecto, y despierta el interés de inversionistas y promotores culturales que comienzan a mirar hacia Riohacha como una plaza con potencial. Jóvenes talentos encuentran en él un referente y una motivación para creer que desde esta tierra guajira también se puede triunfar sin renunciar a la identidad.
Artistas como Haffith David, Wilfred Arrieta, Edgar Andrés y agrupaciones que han conformado destacados acordeoneros como Delay Magdaniel y Gregorio Gutiérrez que han sido coronados como reyes del Festival de la Leyenda Vallenata y del prestigioso Festival Francisco El Hombre, entre otros, reconocen en Gamarra no solo una figura influyente, sino un referente claro de que sí se puede. Su ejemplo ha encendido una chispa en la juventud artística de Riohacha, una generación que encuentra en la música vallenata no solo una pasión, sino un camino de vida.
El “efecto Gamarra” debe ser visto como una oportunidad para apostarle con seriedad al desarrollo artístico y cultural de la región. Invertir en arte no es un gasto: es una inversión estratégica que genera cohesión social, turismo, empleo y proyección internacional.
Riohacha necesita entender que el arte no es solo entretenimiento: es economía, es identidad y es futuro. Y hoy, ese futuro tiene nombre y apellido: Óscar Gamarra.






