
2. “Y se convirtió aquel día la victoria en luto para todo el pueblo; porque aquel día oyó decir el pueblo que el rey estaba afligido por su hijo”. 2 Samuel 19.
David llora la muerte de Absalón, y el ambiente de gozo y de victoria pronto se torna en tristeza. Joab y el ejército se preparan para volver a Jerusalén después de obtener la victoria, cuando oye la noticia de que David se lamenta de la muerte de Absalón. El gozo del pueblo se transforma en tristeza por la muerte del hijo del rey.
Los soldados que merecían ser recibidos con honores, llegan a la ciudad en silencio, a escondidas, como si hubiesen sido derrotados. A escondidas (v. 3) en hebreo significa robar y huir, y los asocia a los ladrones que entran sigilosamente para robar. David estaba tan triste por la muerte de su hijo Absalón, que se ha olvidado de Dios, quien ha llevado al ejército a la victoria.
Joab reprende a David. Como principal responsable de la muerte de Absalón, a Joab no le habría agradado nada ver a David triste. Habría interpretado esto como una crítica personal por haber matado a su hijo, aunque merecía morir por haberse revelado contra el rey. Joab señala que David ha humillado a los soldados que han dado su vida por amor a él y a su familia, además de amar a sus enemigos y aborrecer a sus amigos.

Si no consolare a los siervos, Joab y sus soldados dejarán al rey. Por estas amenazas, David se lamenta para hablar bondadosamente a los soldados, antes que reprender a Joab por haber matado a Absalón. ¡Qué humillante para David, que después de perder a su hijo, es reprendido por su siervo!
Dios continúa siendo fiel a la promesa que le hizo a David aun mientras juzga a su familia. David queda inmerso en una gran tristeza, tras la muerte de su hijo rebelde, Absalón. A pesar de que su congoja es tan grande que ni siquiera cumple correctamente con sus deberes de rey, Dios restaura su reino y cumple con Su plan de salvación. Joab que reprendió a David amenazantemente, es castigado más adelante por haber derramado la sangre de un inocente.
Por lo tanto, el fiel siempre debe confiar en Dios, quien hace el bien y nos da la salvación aun en los momentos oscuros y dolorosos de la vida. El verdadero creyente imita la bondad y la misericordia de Dios, y sirve al mundo con amor y compasión
Aun en medio de la tristeza y el dolor, el fiel debe confiar en Dios quien hace el bien y nos salva. Dios les guarde.






