
Hay noticias que no sorprenden, pero que llenan el alma de satisfacción. La reelección del ingeniero Carlos Arturo Robles Julio como rector de la Universidad de La Guajira para el período 2027-2031 es una de ellas. El Consejo Superior lo designó de manera unánime, por segunda vez con votación total del máximo órgano de decisión, y esa unanimidad no es un accidente de las circunstancias: es el veredicto inapelable de una obra que habla por sí sola.
Robles Julio llegó a la rectoría en 2009. Desde entonces, la Universidad de La Guajira ha transitado un camino que muchas instituciones del país envidiarían. Bajo su dirección, Uniguajira conquistó la Acreditación Institucional en Alta Calidad otorgada por MinEducación, un sueño que el propio rector describió con una frase que resume más de quince años de lucha silenciosa: “Lo soñé y lo soñamos, lo logré y lo logramos”. Ese reconocimiento no es una condecoración de papel: representa calidad verificada, mayor peso en el mercado laboral para los graduados, acceso a nuevas alianzas internacionales y sostenibilidad financiera para la institución.
Pero la acreditación es solo la punta del iceberg. Durante su gestión, la cobertura académica se amplió con nuevos registros calificados, 11 solo en 2024, incluyendo programas de posgrado que responden a las necesidades reales del territorio. La oferta internacional se consolidó en convenios con instituciones como la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad Tecnológica de Panamá. La tasa de deserción bajó al 11,32%, por debajo de la media nacional. Los grupos de investigación llegaron a 57, con presencia en todas las categorías del sistema de ciencia y tecnología. La matrícula cero llegó a los más vulnerables. Y el horizonte incluye la construcción del hospital universitario que servirá de apoyo al programa de medicina, además de una nueva convocatoria docente que formalizará el trabajo de quienes enseñan en sus aulas. Todo eso tiene nombre y apellido: Carlos Arturo Robles Julio, que ahí sigue de pie ¡Como un roble!
Entiendo perfectamente que no es una persona que le caerá bien a todo el mundo. Hay quienes lo critican con la misma energía que podría emplearse en construir. Siempre he pensado que ese tipo de oposición dice más de quien la ejerce que de quien la recibe. A los que construyen siempre les llueven piedras, y en La Guajira, un departamento donde el capital humano calificado es un bien escaso y precioso, eso no puede ser de otra manera.

Debo ser honesto, sin embargo: yo tampoco soy objetivo al escribir estas líneas. Y lo reconozco sin rubor. En más de una ocasión, en aeropuertos de distintas ciudades del país, cuando me encontré con el doctor Robles Julio, no pude evitar reclamarle con afecto y algo de reproche: yo llevaba años dictando clases en universidades de distintos rincones de Colombia y nunca había tenido la oportunidad de hacerlo en la universidad de mi propio departamento. Recordé entonces aquella verdad bíblica que no caduca: nadie es profeta en su tierra . Él escuchó, alarmado con esa tranquilidad que lo caracteriza, y me respondió algo que quedó grabado: “Ya se llegará la oportunidad, doctor Colmenares, cuando incluyamos los programas de posgrado en los cuales usted quepa por su conocimiento de la hacienda pública”. Y así fue. Hoy tengo el privilegio de participar como docente en la Especialización en Gerencia Tributaria y en la Maestría en Finanzas de Uniguajira. Eso también es parte del legado de este rector: cumplir la palabra.
Por eso escribo lo que escribo, y por eso lo escribo como lo escribo: desde la gratitud, desde el reconocimiento sincero, y también desde la amistad.
Y precisamente porque reconozco en él a una persona extraordinaria, me permito decirle algo que creo que debe escuchar: doctor Robles Julio, el período 2027-2031 debe ser, con toda la dignidad y el orgullo que merece su obra, el capítulo de cierre en la rectoría de Uniguajira. No porque haya agotado su energía, está lejos de eso, sino porque los grandes constructores tienen la obligación moral de llevar su ímpetu a escenarios más amplios.
La Guajira lo necesita en la Gobernación. El país lo necesita en el Congreso de la República. Este departamento, rico en recursos naturales pero empobrecido en oportunidades, requiere líderes que conozcan sus entrañas desde adentro, que hayan construido desde la academia, que sepan que el desarrollo no se decreta sino que se edifica ladrillo a ladrillo. Ese perfil, escaso en cualquier tierra, abunda en usted.
El tiempo pasa. No es una amenaza, es simplemente la verdad más antigua que existe. Y quienes tienen vocación de construir no pueden darse el lujo de quedarse en un solo espacio cuando otros más grandes los esperan. La universidad lo recordará siempre. La Guajira lo necesita más allá de sus muros.
Y como dijo el filósofo de La Junta: “Se las dejo ahí…” @LColmenaresR






