
Hace poco más de un año la vida de la familia Aguilar Barboza se dividió en dos. Débil como había estado algunos días atrás, ante los ojos de sus padres la niña de 6 años perdió el conocimiento, cayendo sin fuerzas en el frio suelo del baño de su casa. Inmediatamente fue ingresada por urgencias a la Clínica CEDES en donde fue estabilizada. Posteriormente, ante la presión de sus padres quienes se aparcaron en señal de protesta en la sede de Sanitas E.P.S. por la demora en la remisión de la niña hacia un centro de mayor complejidad que finalmente sería Valledupar, la ciudad donde recibiría atención especializada la cuál no se brindaba en su natal Riohacha.
Después de 45 días con un complejo diagnóstico por el cuál fue cuidadosamente tratada, Antonella regresaría a culminar su recuperación al seno de su hogar, posteriormente a haber estado en UCI intermedia y luego en habitación, junto a su madre July Barboza, quien desde que este episodio enfrenta un proceso disciplinario ante la empresa para la cuál trabaja. Hoy relata que mientras estuvo acompañando a su hija en UCI, quien permaneció intubada, duró tres días sin bañarse pues no quería despegarse del lado de su pequeña y que al hablarle, las lágrimas se escurrían por su inocente rostro al escuchar la voz de su angustiada madre.
De allí en adelante, vendría el suplicio de cada trámite, orden, autorización, y todos los innumerables vericuetos de un sistema de salud que lejos de ser considerado o al menos respetuoso con los padecimientos de salud de los pacientes y la tensión de sus familiares, se desborda en requerimientos, solicitudes, tiempos, filtros, respuestas y firmas, que alejan en cada momento a quienes lo requieren, de atención oportuna, adecuada y digna.

Recientemente este largo año de citas, controles, exámenes, medicamentos, y demás, se tornó nuevamente en un episodio engorroso y agotador para sus papas José Antonio y July. Viajaron a Barranquilla confiados en que su hija recibiría dos vacunas ordenada por Infectología y por Inmunología Pediátrica que le aplicarían a través de un prestador en esa ciudad. Al llegar, les informaron que la vacuna no estaba disponible a través de la orden de la E.P.S. Sanitas, pero que de forma particular si estaba disponible, dándoles incluso, el valor de todo, entre vacunas y aplicación por un monto superior a los tres millones de pesos.
Después de un día de viaje de regreso, su madre volvió resuelta a reclamar a través de las vías de hecho, por la atención digna que su hija merece y necesita. Junto a su compañero y el apoyo de familiares tanto suyos como del padre, a las 4:30 a.m. se aparcó ante la fachada tanto de Sanitas E.P.S. como de Colsanitas en la zona céntrica de Riohacha, dispuesta a reclamar de manera pacífica pero contundente, por la burla que sintió al viajar con recursos propios (dado que le negaron los viáticos del viaje que apenas hacía un día había hecho) para que Antonella recibiera las vacunas que al llegar le negaron pese a contar con las órdenes y autorizaciones (y el MIPRESS) del caso, expedidas por Sanitas E.P.S.

Escribo estas letras al lado de su angustiada madre, quien entre la rabia, la tristeza y la inconformidad, con lágrimas en los ojos desde la madrugada, ha dado declaraciones a medios locales tanto radiales como digitales quienes amablemente han amplificado su voz, que es la voz de innumerables madres, cuidadoras. familiares de pacientes y pacientes, quienes diariamente acuden a distintas instancias para hacer efectivo su derecho a la salud de manera digna y oportuna.
Al término de esta columna, le fueron entregados a su madre, 30 frascos de medicamento diario que solo fueron suministrados después de 1hora y 30 minutos de espera los cuales debían ser entregados desde principios de mayo, al tiempo que, Antonella viajaba junto a su papá rumbo a Valledupar (después de haber ido y regresado el día anterior a Barranquilla), a recibir las vacunas que necesita para prevenir los riesgos a los que está expuesta por su situación de salud.
July Barboza se acomodó en la silla plástica que bloquea el acceso a las oficinas de Sanitas E.P.S. con una sola convicción: “De aquí no me voy hasta que a mi hija le coloquen las vacunas”






