Edicion septiembre 30, 2026

Villanueva de EOT a PBOT – El mapa del futuro no puede esperar más

Villanueva de EOT a PBOT – El mapa del futuro no puede esperar más

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Columnista - Yadira Mendoza Jimenez
Columnista – Yadira Mendoza Jimenez
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El Esquema de Ordenamiento Territorial de Villanueva – La Guajira, fue adoptado mediante el Acuerdo 020 del 7 de septiembre de 2002, diseñado bajo una proyección inicial de 9 años (2000-2009), desde su formulación han transcurrido más de dos décadas, donde el municipio experimenta un rezago normativo estructural y el territorio, la población, las dinámicas económicas, las necesidades sociales, la infraestructura y las expectativas de sus habitantes han cambiado profundamente.

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El EOT del municipio de Villanueva cumplió su ciclo vital útil, mantener este acuerdo de 2002 frena la gestión de recursos nacionales, perpetua riesgos ambientales, e imposibilita la legalización eficiente de predios. La urgencia actual radica en finalizar la etapa de concertación con la autoridad ambiental para elevar el instrumento al nivel de Plan Básico de Ordenamiento Territorial (PBOT), de acuerdo con las nuevas realidades poblacionales del municipio.

Para lograr la concertación ambiental y la actualización definitiva de este instrumento en la actualidad, la administración municipal avanza en mesas de trabajo conjuntas con Corpoguajira y equipos de consultoría técnica, pero, la actualización del ordenamiento territorial representa mucho más que una obligación administrativa, es una oportunidad histórica para redefinir nuestro modelo de desarrollo.

Este proceso no se trata únicamente de actualizar un documento técnico, ni de modificar mapas, perímetros o usos del suelo, Villanueva necesita comenzar a pensar seriamente en el territorio que quiere ser, durante los próximos veinte o treinta años. Se trata de preguntarnos, como sociedad, ¿Cómo queremos construir a Villanueva y qué decisiones debemos tomar hoy para hacerla posible? Para lograrlo debemos internalizar una premisa clave: “Ordenar el territorio, en esencia es ordenar nuestras oportunidades para construir futuro”.

Esta debe ser una conversación de todos. Uno de los grandes desafíos será recuperar una relación más equilibrada entre la Villanueva rural y la Villanueva urbana, El EOT vigente ya reconocía la importancia de las actividades rurales para la identidad cultural y productiva del municipio, pero hoy necesitamos ir mucho más allá.

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El campo debe estar dentro de la visión de futuro, porque cuando definimos qué hacer con nuestra zona rural, estamos decidiendo también qué futuro tendrán nuestros campesinos. Necesitamos pensar en vías rurales, distritos o sistemas de riego donde sean viables, asistencia técnica, transformación de productos, comercialización, conectividad digital, servicios básicos y mecanismos que permitan que nuestros mayores y jóvenes también encuentren oportunidades en el campo. La ruralidad no puede ser vista solamente como el territorio que queda después del perímetro urbano, debe ser entendida como una fuente de producción agropecuaria, empleo, seguridad alimentaria.

En paralelo, en la zona urbana cuando decidimos hacia dónde puede crecer Villanueva, también estamos decidiendo dónde estarán las viviendas, las vías, los colegios, los escenarios deportivos, los centros de salud, los espacios culturales, las zonas comerciales, las áreas industriales, y los parques. El municipio no puede esperar a que aparezcan nuevas ocupaciones informales para después preguntarse cómo llevarles los servicios, tal como ocurre actualmente en el área aledaña a la variante. El nuevo ordenamiento debe establecer con claridad hacia dónde puede crecer el territorio, bajo qué condiciones, con qué infraestructura y con qué modelo de ciudad, ese es precisamente el sentido de planificar, No correr detrás del crecimiento, sino anticiparlo. Es inaplazable resolver las situaciones urbanas acumuladas por décadas, identificar los sectores que requieren procesos de regularización, mejorar la conectividad, completar infraestructura y garantizar que las comunidades puedan integrarse plenamente a la ciudad.

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Finalmente, Cuando protegemos nuestro patrimonio natural y cultural, estamos decidiendo qué parte de nuestra identidad heredaran las próximas generaciones. Esta tierra tiene algo que muchos territorios quisieran tener: una identidad cultural reconocida. La tradición vallenata, sus juglares, sus dinastías musicales, sus compositores, sus festivales y su patrimonio vivo pueden transformarse en una verdadera estrategia de desarrollo territorial, pero para ello, debemos dejar de ver la cultura únicamente como espectáculo transitorio, la cultura puede generar economía, puede generar turismo, puede generar empleo, puede fortalecer emprendimientos, puede impulsar gastronomía, artesanías, formación artística, industrias creativas y eventos de alcance regional y nacional. Por eso, en el nuevo modelo territorial deberíamos considerar la posibilidad de convertir nuestra identidad cultural en una ventaja competitiva de Villanueva, sin desnaturalizarla ni convertirla simplemente en mercancía.

Villanueva tampoco puede pensarse aislada. Nuestra ubicación nos conecta con otros municipios del sur de La Guajira y con el departamento del Cesar. Esa condición debe convertirse en una oportunidad para fortalecer corredores económicos, turísticos, culturales y de servicios. El nuevo ordenamiento debería mirar hacia afuera tanto como hacia adentro, porque el desarrollo territorial contemporáneo no se construye únicamente dentro de los límites administrativos de un municipio, se construye mediante conexiones, alianzas y proyectos regionales.

Villanueva tiene una oportunidad histórica para redefinir su desarrollo, llegó la hora de diseñar la Villanueva del futuro.

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