Edicion septiembre 4, 2026

UN ARREPENTIMIENTO QUE NOS LLEVA A LA UNIDAD

UN ARREPENTIMIENTO QUE NOS LLEVA A LA UNIDAD

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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
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3. “Y puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron sus pecados y adoraron a Jehová su Dios”.

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Nehemías 9.

El avivamiento que viene por medio de la Palabra nos lleva al arrepentimiento. Después de celebrar la fiesta de los Tabernáculos, el pueblo se reúne para ayunar, confesar y arrepentirse de sus pecados y los de sus padres. No solo confiesan con palabras, sino también con hechos, apartándose de los gentiles.

Esto no significa que han cortado toda relación con los gentiles, sino que han renunciado a relaciones, costumbres o ídolos paganos que atentan contra la identidad del pueblo de Dios. El verdadero arrepentimiento implica dejar aquello que es abominable para Dios y volver a Él. Por tres horas (la cuarta parte del día) oyen la Palabra de Dios y por otras tres horas confiesan sus pecados. Un arrepentimiento con quebranto nos restaura como adoradores delante de Dios.

Los levitas presiden el momento del arrepentimiento del pueblo de Israel. Mientras el pueblo oye la Ley y se arrepiente de sus pecados, los levitas suben al estrado y claman en voz alta a Dios, confesando los pecados del pueblo, pidiendo misericordia del cielo. Les insta a bendecir el glorioso nombre de Dios, porque Él ha creado todas las cosas y todas las cosas por Él existen.

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Dios ha establecido pacto con Abraham y lo ha cumplido. Por este pacto, levantó descendencia de Abraham y formó la nación de Israel; y les ha dado la tierra de Canaán por heredad. Es por la fidelidad de Dios que el remanente ha podido retornar del cautiverio babilónico. Nuestra fe y esperanza radica en el Dios Creador, que es siempre Fiel a Sus promesas.

Al finalizar la Fiesta de los Tabernáculos, la comunidad de Judá participa de un movimiento de arrepentimiento, confesando sus pecados. Los descendientes de Israel se arrepienten de corazón de sus vanidades del pasado. Para purificar el pecado del pasado y restaurar una fe pura, se necesita la obra del arrepentimiento. El arrepentimiento es el primer paso para vivir como pueblo de Dios y hombres de fe. El avivamiento de la Palabra se sigue de un arrepentimiento sincero y este nos permite presentarnos como adoradores íntegros.

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A medida que más sepamos quién es Dios, más nos arrepentiremos y más adoraremos Su poder. Así, Dios nos llena de restauración, avivamiento y gracia en medio de los individuos y la comunidad que escucha y obedece la Palabra, y elimina el pecado.

Volver a arrepentirnos iluminados por Su Palabra y exaltar solo a Él es la imagen del hermoso pueblo de Dios. Dios les guarde.

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