
Cuando tenía 10 años ya cargaba agua sobre mi cabeza. Mi madre nos hacía a mis hermanas y a mí una protección de tela que llamábamos “rodilla” para amortiguar el balde lleno. Así recorríamos el camino a casa, porque conseguir agua no era una opción: era una necesidad diaria.
Han pasado más de cuatro décadas y me sigo preguntando: ¿cómo es posible que una niña que cargaba agua sobre su cabeza hace más de 40 años siga viviendo en una ciudad donde miles de familias todavía sufren para conseguirla? Algo está profundamente mal.
A través de los años, cada riohachero ha aprendido, a fuerza de escasez, a bañarse con medio balde. Es hora de sentir la dignidad de abrir la llave y escuchar el agua correr con fuerza por la regadera, tal como nos lo merecemos.
Riohacha, la capital guajira lleva más de 26 años bajo distintas concesiones. Han cambiado los operadores, los contratos y los discursos; se anuncian inversiones millonarias, pero en casi todos los barrios de la ciudad abrir la llave y recibir agua continua y limpia sigue siendo una incertidumbre. La realidad de las familias riohacheras es trasnochar entre mangueras, turbinas, baldes, poncheras y tanques, conviviendo con la decepción por un servicio pésimo.
Antes fue Aguas de La Guajira, después la empresa Avanzadas Soluciones de Acueducto y Alcantarillado ASAA y hoy es la multinacional española AQUALIA. El mismo modelo, diferentes nombres. Lo más grave es que el contrato con AQUALIA se firmó por 30 años, extendiéndose hasta el 2053, a pesar de que el esquema ha demostrado su fracaso.

Surgen preguntas inevitables: ¿Por qué se concesiona el agua? ¿Quién gana realmente con este modelo? ¿Qué ocurre con los recursos públicos, los subsidios y los pagos de los usuarios? ¿Quién responde cuando el agua no llega? Estas no son preguntas individuales: son el clamor de una ciudadanía exhausta.
Desde el Movimiento Acuerdo Ciudadano por el Derecho al Agua y al Saneamiento Básico de Riohacha, inscrito ante la Registraduría, decidimos poner estas inquietudes en el debate público. El agua no puede ser una simple cifra en un contrato.
Gracias al trabajo de investigación liderado por nuestro coordinador, Felipe Santiago Rodríguez, junto a jóvenes investigadores, hemos revisado aspectos técnicos, jurídicos y financieros. Entre ellos, analizamos el Contrato de Operación No. 268-1 de 2023, hoy objeto de cuestionamientos legales que las autoridades deberán resolver. Los hallazgos exigen respuestas públicas e inmediatas.
Mientras se habla de grandes presupuestos, la gente vive de ausencias, intermitencias o pagando carrotanques de agua. ¿Cuánto le cuesta realmente la sed a una familia riohachera? Esta crisis no puede aislarse de la Sentencia T-302 de 2017 de la Corte Constitucional, que declaró la vulneración masiva de derechos de los niños en La Guajira y ordenó soluciones estructurales en agua, salud y alimentación. El agua no es solo un servicio; es vida, dignidad y un derecho humano fundamental.

Por eso saldremos a las calles de Riohacha el próximo 17 de septiembre, nos movilizaremos para exigir que el acceso al agua sea una realidad. En octubre impulsaremos un Cabildo Abierto como espacio de participación para fiscalizar el modelo y exigir cuentas claras. Además, consolidamos la estrategia Guardianes del Agua en los barrios, explicando el proceso y recogiendo firmas, al tiempo que acudimos a instancias nacionales e internacionales para visibilizar esta urgencia.
No buscamos una pelea personal contra una empresa. Exigimos revisar el modelo y establecer responsabilidades. El agua de Riohacha no puede ser el negocio de unos pocos y la inconformidad de las mayorías. Si en 26 años no han resuelto la sed de la ciudad, ¿para quién ha funcionado este negocio?
Aprendí a cargar agua a los 10 años; no quiero que los niños de hoy tengan que aprender lo mismo. Ya cargamos demasiados años de sed. Ahora nos toca cargar la voz. El agua no se mendiga: el agua se defiende.






