
Los niños poseen dones y talentos únicos que los hacen especiales y valiosos, como educadores y familias, nuestro compromiso es acompañarlos en el descubrimiento y desarrollo de sus habilidades, cultivándolas con amor, respeto y paciencia, sin forzarlos ni imponerles caminos ajenos a sus intereses, es fundamental enseñarles a ser auténticos, valorar sus capacidades y reconocer las de los demás, fomentando un ambiente libre de envidia y competencia negativa, las actividades culturales en la formación académica son espacios enriquecedores que permiten destacar los talentos de los estudiantes, fortalecer su autoestima, promover la sana convivencia y celebrar la diversidad de capacidades presentes en la comunidad educativa.
Las tradiciones culturales florecen, en la realización de las semanas culturales considero es el epicentro para conocer las habilidades y destrezas de nuestra infancia y adolescencia, los estudiantes sacan su creatividad, la innovación y llenan de color y esperanza la vida de los pueblos, la semana cultural del colegio Madre Bernarda del municipio de Barrancas logro un alto nivel de audiencia, ocurrió uno de esos momentos que parecen sencillos, pero que terminan dejando profundas enseñanzas. Un niño de apenas tres años tomó el escenario para interpretar “Matilde Lina”, una de las obras más emblemáticas del maestro Leandro Díaz, no se trató únicamente de una presentación infantil, fue un encuentro inesperado entre la inocencia y la tradición, entre el futuro y las raíces de un pueblo que se niega a olvidar su esencia.
Con los ojos del alma los padres orgullosos; Luis Hernández y Claudia Carrillo fueron los encargados de traer al mundo al gran Maximiliano Hernández Carrillo, ver a un niño tan pequeño asumir el reto de cantar una canción que forma parte del patrimonio sentimental del vallenato genera admiración; a esa edad, cuando muchos apenas comienzan a descubrir el mundo a través de las palabras, este pequeño artista ya explora el universo de la música tradicional y demuestra una sensibilidad especial para conectar con una obra cargada de historia, poesía y sentimiento, recordándonos que Leandro Diaz es eterno.
Su presentación nos invita a reflexionar sobre el inmenso potencial que poseen nuestros niños cuando encuentran espacios para desarrollar sus talentos, el talento no tiene edad, a veces se manifiesta en una voz afinada, en una memoria prodigiosa o en una capacidad natural para transmitir emociones, lo verdaderamente importante es que existan colegios encargados de ejecutar la tarea. La seño Orlanis Figueroa, directora del instituto Madre Bernarda Buttler junto a su equipo de colaboradores docentes, cada año une familias y comunidad con el cordón invisible de la entrega y la dedicación, dispuestos a reconocer esos dones y a alimentarlos con amor y confianza.

Más allá del mérito individual de este niño, su interpretación representa una victoria cultural y artística en tiempos en los que las nuevas generaciones están expuestas a multitud de influencias globales, muchos artistas de la talla de Silvestre Dangond y páginas de los medios digitales postearon este suceso, un efecto esperanzador ver, cómo un niño guajiro abraza las expresiones artísticas que han dado identidad a nuestra tierra, el coqueteo y el enchoye Guajiro de Maximiliano en cada verso de “Matilde Lina” es una prueba de que nuestras tradiciones siguen vivas y continúan encontrando nuevos guardianes. ¡guardare por siempre sus pases inéditos y los saludos a su abuelo Poncho Carrillo y su seño Yoke, un detalle de fina coquetería!
Emoción total observar a un niño de tres años interpretar una canción del inmenso Leandro Díaz, en ese instante Maximiliano no solo estaba cantando, estaba contribuyendo, sin saberlo, a mantener viva una herencia cultural que pertenece a todos, su voz pequeña llevaba consigo la grandeza de una región, la nobleza de un pueblo y la esperanza de que nuestras raíces seguirán floreciendo; eres nuestro orgullo Barranquero, la mayor enseñanza de aquella presentación es que el folclor no depende únicamente de festivales, concursos o grandes escenarios, también se construye en las aulas de clases, en los hogares y en los espacios donde los niños descubren el valor de su identidad cultural, allí, en esos momentos aparentemente cotidianos, nacen los artistas, los líderes, los deportistas, los científicos, poetas, médicos, en fin los genios del futuro.
Mi pequeño intérprete nos recordó que la grandeza no siempre se mide por la edad, sino por la capacidad de inspirar, con apenas tres años, la pasión por el vallenato logró algo extraordinario, la autenticidad de este chiquillo en las redes, permitió millones de reproducciones, conmover a quienes lo escucharon y reafirmar que mientras existan niños orgullosos de cantar nuestra música, La Guajira y el folclor vallenato seguirán teniendo un futuro lleno de esperanza, lo que Maximiliano hizo tiene sello propio, la gracia de Dios deleitándose en su vida. Con sentimiento cultural y de pueblo; mi opinión para ti.






