
1. “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
2. Un día emite palabra a otro día y una noche a otra noche declara sabiduría”.
Salmos 19.
La creación es una obra de arte de Dios. Los cielos, el firmamento y todo el universo cuentan la gloria y el señorío de Dios, su Creador. Mantienen el orden del día y de la noche, provocan los cambios estacionales y manifiestan la providencia de Dios. El universo está lleno de la Palabra y el conocimiento del Creador.
Aunque adorado por las civilizaciones antiguas, el sol forma parte de la creación divina, y es como esposo que sale de su tálamo o un gigante que corre. La gloria y la presencia de Dios se encuentran presentes en todas las áreas de nuestra vida porque en la creación se cumple la Palabra de Dios. La creación existe para glorificar a su Creador.

La Palabra de Dios es viva y eficaz, y obra aún en estos momentos. Dios es perfecto, y su Palabra también; vivifica el espíritu alma de los débiles y añade sabiduría al necio. Es eterna, honesta y justa. Es por ella que cuando obedecemos, Él nos da gozo y discernimiento espiritual.
Debemos anhelar la Palabra más que el oro puro y miel, y alimentarnos de ella. No permitamos que el pecado nos arrastre para donde quiere, sino que debemos dejar de ser gobernados por la Palabra. Nuestros labios deben pronunciar palabras de edificación; y el corazón, estar lleno de la gracia del Espíritu Santo. Al cumplir y poner por obras la Palabra de Dios, podemos cumplir la buena voluntad de Dios.
La gloria del Dios Creador se expresa en todo el universo. Descubrimos la santidad y el poder de Dios cuando toda la creación habla sin decir una sola palabra. Así, podremos vivir una vida sagrada cuando confiemos en la Palabra que reaviva y le da sabiduría a las almas, y nos hace ver los errores y los pecados ocultos.
Toda la creación de Dios proclama Su gloria, y Su Palabra nos hace más perfectos.
Dios les guarde.






