
- Escucha pues, ahora, Josué, sumo sacerdote, tú y tus amigos que se sientan delante de ti, pues sois como una señal profética: Yo traigo a mi siervo, el Renuevo”.
Zacarías 3.
La cuarta visión trata sobre la restauración del sumo sacerdocio. Josué es hijo de Josadac, nieto de Seraías. El sumo sacerdote Seraías fue apresado y muerto el día de la caída de Jerusalén, y Josadac fue llevado cautivo a Babilonia. Así que Josué nació en la cautividad, y fue el sumo sacerdote de los que retornaron a Israel.
No obstante, Satanás cuestiona la integridad de Josué para ejercer su función del sumo sacerdocio para un pueblo que fue juzgado y abandonado por sus pecados. Entonces, Dios manda a quitar las vestiduras viles de Josué, a vestirle de ropas de gala y a colocarle un turbante limpio sobre su cabeza. Es decir, que Dios reconoció el sumo sacerdocio y al mismo tiempo, prometió la restauración de Israel.
Dios le habla a Josué y promete restauración y prosperidad. Y si él obedece a la voluntad del Señor, podrá ejercer su sacerdocio con libertad dentro del templo de Dios. Su sacerdocio traerá restauración parcial en la relación interrumpida entre Dios e Israel. Pero la restauración plena se dará por medio del Mesías, el Renuevo de Dios.

Aun en una situación sin aparente esperanza, Dios no deja de actuar y trabajar para restaurar a Su pueblo. Él es el que escudriña con siete ojos, y graba Su inscripción en el corazón del pueblo, como en tablas de piedra. La vid y la higuera simbolizan la prosperidad y la abundancia. En el día de la restauración, todos disfrutaremos plenamente de la sublime gracia de Dios.
Dios desea transformar al sucio y vil pecador en un ser santo y noble. Dios perdonó todos nuestros pecados a través de Jesucristo y nos revistió con Su nombre. Somos criaturas nuevas en Cristo.
Dios nos purificó y restauró nuestra relación con Él no solo por nosotros, sino también para que seamos responsables de la misión de difundir al mundo quien es Dios. Por ende, el fiel debe mostrar con su vida la santidad, la justicia y el amor del Señor que nos da el perdón de los pecados y la gracia de la restauración.
Dios nos purifica y permite que Jesucristo se revele en nuestra vida.
Dios les guarde.






