
Piensa en la última vez que estuviste enfermo de niño. Alguien se quedó despierto contigo. Alguien te puso un paño frío en la frente, te preparó una sopa y madrugó al otro día para llevarte al médico. Nadie le pagó por esa noche. Nadie le preguntó si estaba cansada.
Esa persona, casi siempre, es una mujer. Tu mamá. Tu abuela. Tu tía. Tu hermana mayor.
Ahora mírala hoy. ¿A quién cuida ahora? Al abuelo que ya no camina. Al nieto que le dejaron mientras la hija trabaja. Al hermano con discapacidad que nunca tuvo una terapia cerca. Ella sigue en el mismo turno que empezó cuando tú naciste.
El DANE le puso número a esa jornada. Entre septiembre de 2024 y agosto de 2025, las mujeres en Colombia dedicaron 7 horas y 35 minutos diarios al trabajo no remunerado. Los hombres, 3 horas y 14 minutos. En las mujeres indígenas y afro, la cifra pasa de 8 horas. En el Caribe, la última medición regional marcó 8 horas y 8 minutos para ellas y 2 horas y 49 minutos para ellos.
Ese trabajo tiene precio. En 2024 valió 340,5 billones de pesos, el 19,9% del PIB. Es la actividad económica más grande del país. Y no aparece en ninguna nómina.

En La Guajira esa jornada pesa más. Una madre wayuu en la Alta Guajira camina por agua antes de cocinar. Cuida a sus hijos, a su mamá y a un sobrino con discapacidad. Una cuidadora en Fonseca o en Dibulla pierde un día entero para llegar a una terapia de 40 minutos. Regresa de noche. Al otro día empieza otra vez.
Yo conozco a esas mujeres. Tú también. Comen de últimas. Se enferman y no van al médico porque no tienen con quién dejar a nadie. Dejaron el estudio, el trabajo o el negocio que soñaban. No se quejan. Por eso nadie las ve.
El país avanzó en el papel. En febrero de 2025 se aprobó el CONPES 4143, la primera política nacional que reconoce el derecho a cuidar y a recibir cuidado. Incluye el cuidado propio de los pueblos indígenas y de las comunidades campesinas.
En mayo de 2025 se expidió la Ley 2456. Crea fondos nacionales, departamentales y municipales para personas con discapacidad y sus cuidadores. Esos fondos financian transferencias, ayudas técnicas, formación, generación de ingresos y salud mental de quienes cuidan. En agosto de 2026, el Decreto 0996 reglamentó el fondo nacional.
En febrero de 2026, el ICBF vinculó con contrato directo e indefinido a 161 madres comunitarias del departamento. La mayoría trabaja en zonas rurales dispersas y muchas son wayuu. Por primera vez, muchas de ellas tienen un contrato. Faltan miles de cuidadoras más.

Busqué un sistema departamental de cuidado creado por ordenanza en La Guajira y no lo encontré. Tampoco encontré cifras de uso del tiempo para el departamento. La última cifra pública de personas con discapacidad por departamento es de 2018: 14.322 personas registradas. A esas familias nadie las ha vuelto a contar.
Esto es lo que propongo para La Guajira.
Primero, crear por ordenanza el Sistema Departamental de Cuidado, con una gerencia propia, metas anuales y presupuesto identificado.
Segundo, crear el Fondo Departamental de la Ley 2456 y su comité, con asiento para las organizaciones de personas con discapacidad, las cuidadoras y las autoridades tradicionales.
Tercero, contar a las cuidadoras. Una caracterización municipio por municipio, en convenio con el DANE y las universidades de la región, para saber quiénes son, a quién cuidan y qué necesitan.
Cuarto, llevar brigadas de certificación de discapacidad a los 15 municipios, con prioridad en la zona rural. Sin certificado y sin registro, las familias quedan por fuera de los fondos.

Quinto, construir con las autoridades tradicionales un modelo de cuidado propio wayuu, como lo ordena el CONPES 4143.
Sexto, poner en marcha unidades móviles de cuidado que lleguen a rancherías y corregimientos con terapia, orientación jurídica y apoyo psicosocial. Y con algo que ninguna cuidadora tiene: unas horas de descanso.
Ninguna de estas medidas exige una ley nueva. La Gobernación ya tiene las herramientas: una ordenanza, un fondo y un equipo en territorio. Le falta decidir.
Haz la cuenta de una cuidadora guajira. Ocho horas diarias son 56 a la semana. Son más de 2.900 horas al año sin sueldo, sin descanso y sin registro. Un departamento que no cuenta esas horas tampoco las protege.
Hoy, cuando llegues a casa, mira a la mujer que te cuidó. Pregúntale cuántas horas lleva hoy. Pregúntale cuándo fue la última vez que alguien la cuidó a ella. Si no sabe qué responder, ya sabes por qué escribo esta columna.
Algún día tú también vas a cuidar a alguien. O alguien te va a cuidar a ti. Ese día vas a querer que La Guajira esté lista.






