Edicion julio 14, 2026

EL RESULTADO DE LA DESOBEDIENCIA

EL RESULTADO DE LA DESOBEDIENCIA

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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
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3. Luego dijo Moisés a Aarón <Esto es lo que Jehová afirmó cuando dijo: “En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado”> Y Aarón calló.

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Levítico 10.

El todo del hombre es temer a Dios y guardar Sus mandamientos (Ec. 12:13). Sin embargo, los hijos de Aarón, Nadab y Abiú, incumplen los mandatos de Dios y ofrecen fuego extraño, a pesar de ser sacerdotes. Entonces, sale fuego de Dios y los quema, como juicio por sus malos comportamientos y su desobediencia.

Con dicho juicio temible, Dios da a conocer Su santidad. Aarón y sus hijos no deben llorar la muerte de Nadab y Abiú, sino seguir cumpliendo su rol sacerdotal con integridad, para que no se levante la ira de Dios sobre toda la congregación. La desobediencia trae consecuencias. Debemos renunciar a nuestra obstinación de querer hacer las cosas a nuestra manera y vivir conforme a la Palabra de Dios.

En la obra de Dios siempre debemos estar alerta, para no perder el discernimiento. Después de la muerte de Nadab y Abiú, Dios da instrucciones que los sacerdotes deben cumplir antes de entrar al tabernáculo. No podrán beber vino ni sidra por varios motivos: primero, deben discernir entre lo santo y lo profano, entre lo inmundo y lo limpio. Segundo, deben enseñar al pueblo todos los estatutos (Torá) de Dios.

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Considerando que estas palabras vienen inmediatamente después de la muerte de Nadab y Abiú, podríamos deducir que su muerte pudo haber sido consecuencia de alguno de estos puntos. Debemos apartarnos de todo lo que entorpezca anunciar la Palabra de Dios y cumplir el ministerio. No debemos embriagarnos con vino ni con las cosas del mundo, sino buscar la llenura del Espíritu Santo y el discernimiento.

El sacerdocio es un cargo sagrado que intermedia entre el Dios santo y Su pueblo. Semejante privilegio trae consigo una gran responsabilidad. Por eso, si el sacerdote no respetaba Su Palabra, debía sufrir las consecuencias. Por lo tanto, nosotros que fuimos llamados a ser ”real sacerdocio”, también debemos servir a Dios con ”santidad” y ”obediencia”. Esta es la virtud básica que se le exige al pueblo de Dios.

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Y la manera de conservar la santidad es grabando en nuestros corazones nuestra identidad como cristianos y adquiriendo discernimiento para diferenciar los valores de la Biblia y los del mundo. De este modo, el creyente consagrado se transforma en un mensajero que muestra al mundo quien es el Dios santo.

Nosotros, que somos real sacerdocio, debemos obedecer la Palabra de Dios y tenerla como estándar para nuestras vidas.

Dios les guarde.

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