Edicion mayo 22, 2026

Afro reconocimiento cosmético

Afro reconocimiento cosmético
Publicidad

Comparte

Hoy, 21 de mayo, se conmemora la abolición de la esclavización en Colombia, un fenómeno social y político consolidado legalmente a lo largo de tres siglos, desde el siglo XVI hasta mediado del siglo XIX (1851), como una forma de subsanar la pérdida de fuerza laboral que padecían los colonizadores españoles, debido a que los miembros de los pueblos originarios, igualmente esclavizados, enfermaban y morían, como resultado de los malos tratos y las lamentables condiciones de trabajo.

La esclavización fue abolida el 21 de mayo de 1851, pero en Colombia se conmemora desde el año 2002, como resultado de la entrada en vigencia de la Ley 725 de 2001. La fecha es la misma, pero el trasfondo no; pues, el vigésimo primer día del mes de mayo se celebra la “Afrocolombianidad” como parte de un reconocimiento al aporte histórico y cultural de las comunidades negras, palenqueras y raizales al país. Una celebración cosmética que trata de maquillar la abolición de un suceso social que en principio no debió suceder, que violentó  e invisibilizó ontológica, epistémica y políticamente a personas, al punto de despojarlas de su principal condición, ser humanas.

En este orden de ideas, el Día de la Afrocolombianidad se constituye en una fecha de reconocimiento simbólico cuya construcción “cosmetológica” se produce tanto en el ámbito institucional, como en el ámbito personal. 

Publicidad

En el primer escenario, las escuelas, entes gubernamentales y universidades realizan actos de reconocimiento simbólico (homenajes, obras de teatros, discurso, etc.) sin una reflexión profunda de las implicaciones biopolíticas y onto políticas de la esclavización en Colombia, las cuales, aún, sumen a las comunidades negras en un vacío del poder, del ser y el saber; peor, aún, sin que ese reconocimiento produzca una justicia estructural que produzca cambios reales en torno a la repartición equitativa de la riqueza, la seguridad y el poder en los territorios.

En este sentido, la afrocolombianidad cosmética produce una visibilidad sin poder en la que se celebran los aportes de las comunidades negras, raizales y palenqueras al desarrollo cultural del país, pero no se crean normas para garantizar una mejor redistribución de las tierras o sancionar el racismo sistémico en el poder político.  A su vez, genera una imagen positiva de las prácticas culturales pertenecientes a los grupos mencionados, pero, se desconocen las implicaturas políticas y de resistencia ancestral de las mismas. Incluso, promociona una fiesta vacía del contenido ideológico en el que reconocerse “afrodescendiente”, en sí mismo, es un acto de dignidad y de decisión territorial.

Publicidad

En el ámbito personal, se vive un día, en el cual, quienes han interiorizado el tinte político de esta conmemoración, reflexionan sobre al menos tres aspectos, uno, los problemas instalados en las comunidades negras cuyas soluciones avanzan a paso de morrocoyes cojos, dos, las identidades maquilladas por el consumo y la representación positiva del ser “negro” que intenta proyectar la celebración de este día, y, finalmente, respecto del enfoque superficial otorgado a la Cátedra de Estudios Afrocolombianos y de la Ley 70 de 1993 en las escuelas, donde la esclavitud se mira como un hecho de historia lejana, no como un suceso que aún ejerce colonialidad en el pensamiento y actuación a nivel individual e institucional.

Por otra parte, quienes celebran el día como un motivo para enorgullecerse de su pertenencia étnica, valorada como especial al menos por esa fecha, ejercen un auto reconocimiento estético que  implica vestirse con determinados colores, escuchar o interpretar cierta música, escenificar ciertos bailes, etc. Todo, en las lógicas folclóricas de un acto memorable desprovisto ideológica y epistemológicamente de la lucha constante por la dignidad sociopolítica, la justicia territorial y a la garantía real de los derechos sociales, culturales, económicos y políticos para las personas afrocolombianas.

Publicidad

En este contexto, la afrocolombianidad cosmética reproduce la cultura afro como un “evento” (tambores, gastronomía, cabello y color), empodera personas afro desde el reconocimiento de sus rasgos fenotípicos, pero sin el soporte intelectual para analizar la historia; y, permite a las instituciones cumplir con las exigencias de la Ley 725 de 2001, sin poner en tensión el statu quo de las lógicas del poder en el país.

Así entonces, la invitación es a desmaquillar el 21 de mayo con el agua micelar del análisis crítico de las leyes, con el humectante del conocimiento sobre la filosofía Ubuntu y el ácido hialurónico del estudio de nuestras epistemes ancestrales; así, seguramente, se ampliarán las posibilidades de vencer flagelos instaurados en la mente y en las instituciones— incluso colegios y universidades-, tales como: la historia “blanqueada”, la inclusión sin justicia social, el reconocimiento funcional y la visión del “afro contento”, un sujeto orgulloso de su origen pero despolitizado, sin capacidad de lucha en pro de las transformaciones estructurales necesarias en el territorio habitado.

Publicidad

úLTIMAS NOTICIAS

Noticias Más Leídas

Publicidad
Publicidad