Edicion julio 21, 2026

Henry Carrillo y Gregorio Eljach: una amistad que ha vencido al tiempo

Henry Carrillo y Gregorio Eljach: una amistad que ha vencido al tiempo

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Columnista - Hernán Baquero Bracho
Columnista – Hernán Baquero Bracho
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Hay amistades que nacen por casualidad y desaparecen con el tiempo. Otras, en cambio, se forjan sobre la base de los principios, la lealtad y el respeto mutuo, convirtiéndose en un patrimonio de la vida. Así puede definirse la entrañable amistad entre el empresario sanjuanero Henry Carrillo y el hoy Procurador General de la Nación, Gregorio Eljach Pacheco.

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Ambos crecieron en el ambiente noble y acogedor de San Juan del Cesar, donde aprendieron que la palabra vale más que cualquier documento y que la amistad verdadera no conoce de intereses ni de conveniencias.

Los años los llevaron por caminos diferentes. Gregorio Eljach alcanzó una de las más altas dignidades del Estado colombiano, mientras Henry Carrillo consolidó una ejemplar trayectoria en el comercio. Sin embargo, la distancia y las responsabilidades jamás borraron los afectos sembrados en la juventud.

Esa es precisamente la grandeza de las amistades auténticas: permanecen intactas cuando cambian los escenarios y cuando el éxito toca la puerta de uno u otro.

Hoy Henry atraviesa un delicado momento de salud. Es en circunstancias como estas cuando se comprende el verdadero significado de haber construido una vida rodeada de afectos sinceros.

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Conozco a Henry desde hace muchos años. Fui su profesor de Ciencias Naturales en el Colegio El Carmelo de San Juan del Cesar, donde ya sobresalía por su disciplina, su respeto y su inquebrantable deseo de salir adelante.

Desde entonces era evidente que poseía el carácter propio de quienes entienden que el trabajo digno siempre abre caminos.

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Su vida empresarial ha sido el resultado del esfuerzo permanente, de la honestidad en los negocios y del cumplimiento de la palabra empeñada.

Pero quienes realmente conocen a Henry saben que su mayor riqueza no ha sido únicamente la empresarial, sino la humana.

La amistad que mantiene con Gregorio Eljach Pacheco constituye uno de los ejemplos más hermosos de lealtad que pueden encontrarse entre dos hombres formados bajo los mismos valores.

No fue el poder el que los hizo amigos. Fueron los años de juventud, las experiencias compartidas y la confianza mutua las que cimentaron una relación que el tiempo ha fortalecido.

Gregorio Eljach nunca ha dejado de reconocer a sus amigos de siempre, y Henry Carrillo hace parte de ese círculo de afectos que nacieron mucho antes de los honores y de las responsabilidades públicas.

Esa fidelidad habla bien de ambos. Habla de dos hombres que entienden que los cargos son pasajeros, mientras que la amistad verdadera permanece.

También me une a Henry un afecto especial que nació en las aulas de clase y que con el paso de los años se transformó en admiración por su calidad humana.

A ello se suma la amistad que lo une con mi primo, Luis Fernando Ovalle Baquero, fortaleciendo aún más esos vínculos familiares y personales que tanto valor tienen en nuestra región.

San Juan del Cesar se siente orgulloso de hombres como Henry Carrillo, porque representan el espíritu trabajador, solidario y honesto de nuestra tierra.

En momentos difíciles, un pueblo agradecido también sabe acompañar con sus oraciones y con su esperanza.

Estoy seguro de que ese inmenso caudal de afecto será una fuerza adicional para enfrentar esta etapa con serenidad y optimismo.

La vida nos enseña que el verdadero éxito consiste en dejar amigos sinceros, respeto ganado y una reputación construida con transparencia. Henry Carrillo ha alcanzado esas tres conquistas.

Su historia también demuestra que las amistades nacidas en la juventud, como la que mantiene con Gregorio Eljach Pacheco, pueden convertirse en un ejemplo para las nuevas generaciones sobre el valor de la lealtad.

Desde esta tribuna le envío a Henry un mensaje de esperanza, fortaleza y pronta recuperación, convencido de que aún tiene mucho por aportar a su familia, a sus amigos y a la sociedad.

Porque los hombres buenos nunca están solos. Los acompañan el cariño de su pueblo, el respeto de quienes los conocen y la gratitud de amigos entrañables como Gregorio Eljach Pacheco, cuya amistad ha sabido vencer el tiempo, las distancias y las circunstancias de la vida.Que así sea.

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