
El día 3 de marzo del año en curso, quedó marcado de manera trágica en la historia de Riohacha y la Guajira, un asesino (que nadie ha identificado y que tampoco se quien es) pero que no merece otro titulo que el de asesino y potencial psicópata, descargó 5 disparos en la cabeza y 3 más en el cuerpo de un canino (llamado Beethoven) y antes de que piensen en los “móviles” del homicidio, quiero decir que nada justifica la violencia animal, ni ninguna otra forma de violencias (sí, en plural).
No es una buena practica seguir buscando culpas en las víctimas y amparando o justificando las actuaciones de los victimarios. Al momento de escribir esta columna, nadie ha identificado al culpable de este atroz asesinato, muy curioso, todo mundo vio, pero nadie sabe nada, calculen el poder opresor del tipo. El miedo nos acorrala mientras el sujeto debe estar deleitando el morbo de ser el temido y el opresor de una sociedad que ya no soporta más violencias.
Hoy hago un pare necesario en los Homenajes y publicaciones de historias de mujeres y violencias basadas en género, que hago durante todo el año y especialmente en marzo (mes de las mujeres #8M) para hablar de este caso, que no puede ser periódico de ayer y ya, que no puede ser asombro de unas horas y olvido de toda una vida.

Dejemos claro que:
- Los perros y animales en general, son SERES VIVOS Y NO OBJETOS, QUE SIENTEN Y RESPIRAN, quien asesina a un perro a disparos, es un potencial psicópata y un peligro para la sociedad, no hay que buscarle más explicaciones.
- El miedo no puede oprimirnos como sociedad, es importante que se identifique al asesino y que se haga justicia
- La impunidad envía un mensaje equivocado y abre puertas a la repitencia de esta malvada conducta o mejor, de este DELITO
- El victimario de este caso merece un castigo social, una judicialización y acompañamiento terapéutico permanente para lograr su resocialización y sanación, este hecho informa lo mal, muy mal que está. No basta con la aplicación de la justicia hay que trabajar la salud mental urgente en todos los victimarios.
- No podemos ser cómplices de esto, la indiferencia y el silencio conllevan a ser cómplices y sabemos que la sociedad Guajira es noble y protectora de la vida. No podemos callarnos por miedo a que nos digan “problemáticas/os” es mejor quedar en la historia como defensores de la justicia social, que como indiferentes resignadas a realidades adversas.
Alzo mi voz para decir, No al maltrato animal, no a cualquier tipo de violencias, merecemos vivir sin miedos!
Esto merece el concurso de las diferentes entidades, las organizaciones animalistas, los y las activistas, esto no puede seguir siendo la herida abierta que se reabre cada día con nuevos casos de deshumanización maltratado de animales, es momento de retornar al origen sentipensante consciente del cuidado de la vida colectiva y el derecho a existir libres y en paz.
Sin duda, le estamos fallando al cuidado del planeta y de su universo de fauna y flora… somos una sociedad fallida.






