Edicion febrero 25, 2026

Que tu vestido de lino fino frente a la vieja mello, sea coherente con tu conciencia

Que tu vestido de lino fino frente a la vieja mello, sea coherente con tu conciencia
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Columnista - Delia Rosa Bolaño Ipuana
Columnista – Delia Rosa Bolaño Ipuana

El 2 de febrero no es una fecha cualquiera.
Para esta pluma guajira es, además, el día que me vio nacer; el día que me permitió ser, sentir y pensar con la tinta fina de una tierra que duele, que ama y que insiste en creer.

Cada 2 de febrero, Riohacha —capital de La Guajira— amanece distinta. Algo se aquieta y algo se agita. Las calles se llenan de pasos firmes, de vestidos blancos, de linos impecables, de promesas dichas en voz baja y de miradas que buscan redención. Todo converge hacia el mismo punto: la Catedral Nuestra Señora de los Remedios, el corazón espiritual de esta ciudad, el recinto donde habita la devoción a la Vieja Mello, patrona, madre y testigo silencioso de nuestra historia.

La celebración del 2 de febrero no nació del capricho ni del protocolo. Su origen se remonta a 1663, cuando una furiosa tempestad amenazó con tragarse a Riohacha. El miedo llevó al pueblo a sacar en procesión la imagen de la Virgen de los Remedios. La tradición cuenta que, cuando su corona cayó al suelo cerca del mar, las aguas se calmaron. Desde entonces, la Virgen fue proclamada protectora de la ciudad y del territorio guajiro.
El milagro ocurrió un 14 de mayo, pero la fe decidió unirlo al 2 de febrero, día de la Candelaria, y así quedó marcado en la memoria colectiva de La Guajira.

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Desde entonces, esta fecha convoca. Convoca al creyente sincero, al devoto heredado, al curioso, al artista, al empresario, al político. Todos llegan. Todos entran. Todos se arrodillan.
Y es allí donde nace la pregunta que incomoda:

¿De qué sirve tocar la imagen de la Virgen, si no hemos sido capaces de tocarnos el corazón?

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Cada año, la iglesia se llena. Se llena de nombres conocidos, de rostros visibles, de discursos posteriores. Se llena de abrazos, de fotografías, de encuentros estratégicos. Pero también se llena —y esto hay que decirlo— de conciencias que no siempre están limpias, de manos que han tomado más de lo que han dado, de corazones vestidos de lino pero manchados de indiferencia.

Porque no basta con rezar si se sigue pecando contra la tierra que nos alimenta.
No basta con arrodillarse si se sigue desangrando a La Guajira.
No basta con vestir de blanco si el alma camina de negro.

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Esta no es una columna contra la fe; es una columna a favor de la coherencia.
Porque la Virgen no se deja engañar.
Porque Dios no se deslumbra con apariencias.
Porque se puede engañar a los hombres, pero no a la conciencia.

Hoy, cuando la política vuelve a colmar los templos, cuando los discursos se santifican por conveniencia y la fe se usa como escenografía, la invitación es clara y profunda:
¿Qué le has dado tú a La Guajira?

¿Le has aportado vida o le has quitado futuro?
¿La has vestido y alimentado, o solo te has vestido y alimentado de ella?
¿La has protegido, o la has usado?

Si ya te construiste, si ya llegaste, si ya tomaste… suelta.
Deja vivir a La Guajira.
Permite que sane.

Que este 2 de febrero no sea solo una reunión de conocidos, ni un desfile de cargos, ni un ritual vacío. Que sea un punto de quiebre. Que sea el día en que la fe deje de ser espectáculo y se convierta en acción. Que el arrepentimiento sea real y no una puesta en escena.

Porque es muy bonito vestirse de lino,
pero más urgente es lavar el corazón.

Desde esta pluma dorada, nacida un 2 de febrero, el llamado es uno solo:
Si La Guajira te viste y te alimenta, vístela y aliméntala tú también.
Frente a la Vieja Mello, no preguntes qué apariencia llevas…
pregúntate cómo está tu conciencia.

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