Edicion febrero 25, 2026

RÍO DE DEVOCIÓN: Homenaje matutino colectivo de amor y gratitud a la Vieja Mello

Llevarla en hombros es un gesto de gratitud.
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Columnista - María Isabel Cabarcas Aguilar
Columnista – María Isabel Cabarcas Aguilar

Cuando el sol aún permanece oculto, un río de devoción se va formando pacientemente frente a la Catedral Nuestra Señora de los Remedios. Desde el 23 de enero y hasta el primero de febrero, muy temprano, acuden silenciosos en multitud, al entusiasta llamado, no sólo de las gigantescas campanas de la iglesia, o del estruendo ensordecedor de las varillas al estallar en el oscuro cielo riohachero, si no, al de sus propios corazones agradecidos, los fieles devotos de la Virgen de los Remedios.

La santa matrona de Riohacha convoca durante las madrugadas previas al día solemne, a innumerables orantes del Santo Rosario, quienes van andando al pie de su imagen, agradeciendo o implorando por su amorosa intercesión ante el corazón de su amado hijo nuestro Señor Jesús.

Este gesto tierno marca el regreso al templo.
Este gesto tierno marca el regreso al templo.

Allí se encuentran todos, mayores, mujeres, hombres, niños y jóvenes, sin distinción alguna. Cada uno con su gratitud, sus cruces y pesares, con el Rosario en la mano y llevando consigo la alegría de reencontrarse alrededor de las fiestas más bonitas que Riohacha celebra, pues el amor de nuestra Madre universal se convierte en el mejor motivo para despertar muy temprano y acudir al ineludible llamado entonando al unísono, el Ave María.

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Llevarla en hombros es un gesto de gratitud.
Llevarla en hombros es un gesto de gratitud.

Cada travesaño de la imagen va cargado por un grupo de cuatro personas quienes a veces sin decirse una palabra, se ponen de acuerdo para tomar el turno y llevarla en hombros. Solo un gesto imperceptible basta para lograr ese honor y, ciertamente, de esa reverencial marra, se asume la noble tarea y se vive aquel sublime momento.

En el río de devoción como afirma Roberto Camargo en su canción, la calle se hace familia.
En el río de devoción como afirma Roberto Camargo en su canción, la calle se hace familia.

Las cuentas de esa cadena de fervor van pasando lentamente entre los dedos mientras el río de devoción avanza sin prisa por las calles de Riohacha. La misma urbe que en 1663 fue salvada de un mar embravecido que como dice la canción Una Corona al Corazón, no olvida quien lo tranquilizó.

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Este perrito acompaña en su salida y regreso a la procesión.
Este perrito acompaña en su salida y regreso a la procesión.

El río de devoción va llevando en su cauce, los nobles anhelos de quienes rezan el santo rosario. Por el camino los vecinos salen a recibirla, a contemplarla, a vitorearla, mientras se unen al rezo fervoroso de los cientos de madrugadores feligreses. Entre globos, cadenetas, banderines y altares de colores azul cielo, rosado y blanco, se da la cálida bienvenida a la imagen de la Vieja Mello. Otros sitúan termos de café para atender a los peregrinos que han andado varias calles ya, en esa ferviente procesión matutina. El sentir comunitario de esta manera se exalta, se fortalece y se estremece, con la triunfal llegada de los caminantes y de la Reina del corazón de Riohacha y de los riohacheros.

Los vecinos esperan con café a los caminantes.
Los vecinos esperan con café a los caminantes.

Cada año se mantienen o renuevan, los hospitalarios lugares en los que se realizan las eucaristías posteriores al recorrido con el rosario de aurora. Hogares y empresas se convierten por un momento en templos de fe, en los que, a lo largo de una hora, laten sincrónicos los corazones que imploran el amor de la Madre universal, su protección, afecto y cobijo.

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Las nuevas generaciones también se unen a las fiestas en honor a la Vieja Mello.
Las nuevas generaciones también se unen a las fiestas en honor a la Vieja Mello.

Al final, con el alma reconfortada, muchos acompañan a la Vieja Mello en su regreso al templo que es también su casa y la casa de los fieles devotos. La entrada triunfal a la catedral se realiza en medio del mismo río de devoción que acompañara su salida horas antes, entre aplausos, vivas y la música mariana con canciones inspiradas por su maternal amor. Son muchas las manos que se acercan hasta la tierna imagen, suplicantes por un milagro, confiados en que ella no desoye a sus hijos.

Los vecinos del Callejoìn de la Vieja Mello reciben felices la visita anual.
Los vecinos del Callejoìn de la Vieja Mello reciben felices la visita anual.

Cada año la multitud de orantes crece, como crece el fervor colectivo y la devoción a la Virgen de los Remedios. De la mano de sus madres y padres, las nuevas generaciones se vinculan con su inocencia a la hermosa celebración que recuerda, la salvación de un pueblo suplicante y el momento perenne en el que una corona fue entregada como ofrenda al inmenso mar que se retiró ya calmado para sellar con amor un pacto de gratitud eterna a la santa matrona de la preciosa y caribeña Riohacha, llamada con criolla lisura: La Vieja Mello.

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