
21. El siervo regresó e hizo saber estas cosas a su señor. Entonces, enojado el padre de familia, dijo a su siervo: “Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos.”
22. Dijo el siervo: “Señor, se ha hecho como mandaste y aún hay lugar.”
23. Dijo el señor al siervo: “Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar para que se llene mi casa…”
Lucas 14:21-23.
En la casa del fariseo, un convidado le dice a Jesús: ”¡Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios!”. Quizás compara el banquete del momento con el banquete celestial. Muchos pueden participar del banquete celestial, pero pocos acuden a la invitación. No todos los que reciben la invitación llegan al banquete. Jesús lo dice por medio de la parábola.
Muchos presentan excusas y dicen no tener tiempo. Algunos dedican todo su esfuerzo a adquirir propiedades o bienes, otros ponen lazos familiares como pretexto o quieren disfrutar la vida. El banquete está fuera de sus intereses y prioridades. No consideran la invitación como un privilegio. De hecho, los que vinieron al banquete no fueron los judíos (que habían recibido primero la invitación), sino los gentiles que reconocieron el valor del banquete y aceptaron la oportunidad.
La inasistencia de los invitados no cancela el banquete. La parábola indica que el padre de familia envía a sus siervos a las plazas y calles a traer a los pobres y discapacitados. Aunque no habían sido considerados en la primera invitación, no rechazan la oportunidad y vienen al banquete.

Sin embargo, aún queda lugar. Los siervos salen a los caminos y vallados a invitar a más personas. Por la desobediencia de los judíos, la oportunidad pasa a mano de los gentiles. Dios envía al Mesías y anuncia el inicio del banquete celestial. Pero algunos caen en soberbia y en las cosas de este mundo y no lo reciben en su corazón. Hoy también hay personas que esperan la invitación del evangelio y algunos dudan si aceptar, porque se creen indignos. Pero en Su amor, Dios anhela tanto que todos sean salvos, que aun dice: “fuérzalos a entrar”.
En la Biblia, se compara la ”fe” con la aceptación a la invitación del banquete del cielo, que Dios organiza. Además, se compara a Dios con el ”padre de familia” generoso que prepara la celebración de la salvación e invita a las personas. No hay nada más glorioso que ser invitado a esta gran cena y participar de ella. Sin embargo, los invitados ponen diversas excusas y rehúsan asistir. Por lo tanto, el dueño cambia el objeto de la invitación.
”Ninguno de aquellos hombres que fueron convidados gustará mi cena” (Lc. 14:24). Es muy importante que podamos decidir la invitación que Dios nos ofrece y tomar la decisión correcta. Los nuevos convidados, que fueron invitados por el padre de familia, eran pobres y marginados. Y otras personas que fueron invitadas provenían de los caminos y vallados, es decir, eran personas que uno nunca pensaría que serían salvadas. Aun ahora, Dios nos está invitando a Su gran banquete.
Esperamos que siempre recuerde esta verdad, y que mientras viva en este mundo, pueda disfrutar y atesorar la felicidad del cielo.
Dios prepara una gran cena de salvación y está invitando a Su pueblo. Para responder a Su invitación debemos tener fe en Él.
Dios les guarde.






