
17. “Haz conmigo señal para bien, y véanla los que me aborrecen y sean avergonzados, porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste”.
Salmos 86.
El salmo 86 es un clamor que levanta el creyente cuando se ve rodeado de hombres que ejercen violencia. El salmista, confiesa que ha sido piadoso, aún en medio de su pobreza y escasez. El mundo es injusto; y con frecuencia, son afligidos los piadosos. La única manera de sobrevivir en un mundo injusto y violento es poner los ojos en Dios y orar al Todopoderoso que inclina Su oído para escuchar a Sus hijos.
Ciertamente es Dios grande en misericordia para todos los que le invocan. Él es bueno y perdonador para los que se arrepienten de su maldad; es misericordioso para oír la oración de los creyentes y responder con poder al clamor del afligido que invoca Su nombre en el día de su angustia.
El salmista medita en la angustia quién es Dios. No hay otro Dios fuera de Él; Él es digno de recibir la adoración de las naciones. Él es grande en misericordia, hacedor de maravillas, lento para la ira y grande en misericordia y verdad. El salmista desea conocer más profundamente a Dios mediante una adoración de corazón. Ya Dios le había librado de la muerte por Su grande amor; y asevera que Dios lo librará una vez más.

Rodeado por soberbios y violentos, que no temen a Dios, el salmista pide que ellos sean avergonzados como señal para bien (v. 17). Además, se humilla a sí mismo delante de Dios, diciendo que es tu siervo e hijo de tu sierva, en el versículo 16. Vivimos en un mundo gobernado por los soberbios; más dependemos solo del Dios Fiel.
El mundo ataca al fiel que intenta vivir con piedad. Es allí cuando debemos clamar a Dios. Él no ignora a quien reconoce su debilidad y busca humildemente Su gracia. Por el contrario, Dios siente misericordia del acongojado y lo ayuda. Es el verdadero Dios, incomparable con todos, y quien realiza obras misteriosas.
Si meditamos sobre los atributos y la grandeza de Dios, podremos alabarlo con fe, incluso en medio de la aflicción Si nos concentramos para clamar a Él, Dios nos responderá del mismo modo y revelará Su poder de la salvación y Su gracia.
La gracia de Dios, permanece junto al que le pide ayuda en momentos de aflicción. Dios les guarde.






