Edicion septiembre 7, 2026

EL FIRME PODER DE LA FE Y EL EVANGELIO

EL FIRME PODER DE LA FE Y EL EVANGELIO

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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
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16. “No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree, del judío primeramente y también del griego”.

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Romanos 1.

Había creyentes también en Roma. Al oír esta grata noticia, Pablo, da las gracias a Dios y los menciona sin cesar en sus oraciones. Dios es testigo de la intercesión que el apóstol ha levantado en todo momento a favor de ellos. Pablo desea tener un próspero viaje para ir a Roma a verles, conforme a la voluntad de Dios. Porque desea dar frutos del evangelio también en dicha ciudad. Al comunicarles algún don espiritual, los romanos podrían ser fortalecidos. Además, quiere tener comunión con ellos, y alentarles en la fe.

El consuelo y el ánimo que nos infundimos unos a otros en el evangelio, se constituye en una fuerza capaz de vencer al mundo. La responsabilidad del evangelista, es afirmar en la fe a las almas, y hacer de ellas colaboradores del evangelio.

Pablo, salvo por el evangelio, confiesa ser deudor de todos los hombres. Al evangelizar, está saldando una minúscula parte de esa gran deuda contraída. Aunque la gente del mundo se burla del evangelio, Pablo no se avergüenza de ello. Porque sabe que el evangelio es poder de Dios para salvar a todos los que creen. Además, en el evangelio, la justicia de Dios se revela por fe.

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Dios imputa Su justicia a los pecadores, mediante la redención de la cruz de Cristo. La justificación se da por fe. Todo aquel que cree en Jesús, es justificado por Dios y no será condenado. Por esto, el evangelio es poder de Dios que trae salvación. Nosotros fuimos redimidos gratuitamente, por la gracia de Dios. Y somos deudores del evangelio. Pot tanto, no es una opción, sino una obligación, predicar el evangelio a otros.

Nosotros, que somos pecadores, no podemos conseguir la salvación por nada del mundo, ni con sabiduría ni con educación. El evangelio revela la justicia de Dios que nos salvó por medio de la muerte en la cruz de Jesucristo. El evangelio es el poder de Dios que salva a todos, sin importar que sean judíos o gentiles.

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Quien conoce esta verdad no se avergüenza del evangelio. Como Dios sabe que nuestra fe es débil y nos cuesta cuidar solos de nuestra fe, permite que lo hagamos junto a la comunidad religiosa. Nuestra fe llegará a ser firme cuando abundemos de pasión por la oración, la Palabra, providencia espiritual y prédica del evangelio.

Una con unidad de fe verdadera, fortalece la fe mutuamente y predica el evangelio de la salvación sin avergonzarse.

Dios les guarde

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