
2. Pilato le preguntó: “¿Eres tú el Rey de los judíos?” Respondiendo él, le dijo: “Tú lo dices”.
Marcos 15.
Durante la colonización romana, solo el líder enviado de Roma tenía poder para ejecutar a algún judío, por lo que los líderes religiosos entregan a Jesús a Pilato. Jesús reconoce ante Pilato ser el Rey de los judíos, que no es un rey político, sino del reino de Dios. Jesús guarda silencio respecto a las acusaciones, pero sí responde a las preguntas referentes a su identidad.
Pronto, la mentira saldrá a la luz y vencerá la verdad. Según el relato de Lucas, acusan a Jesús de haber pervertido la nación, de prohibir el tributo al César y de haberse atribuido el título de Cristo y rey. Jesús no da ninguna respuesta ante las falsas acusaciones y soporta todo esto en silencio por amor a la humanidad.
Pilato no es más que un juez débil, bajo la opresión de la multitud. En la Pascua, tenían la costumbre de soltar a un preso. Barrabás es un nombre compuesto en arameo: bar (hijo) y aba (padre), que significa hijo del padre. La gente escoge a Barrabás, un homicida, en lugar de Jesús, el Hijo de Dios.

Pilato sabía que por envidia habían entregado a Jesús, sin embargo, aprueba su crucifixión para satisfacer al pueblo y por temor a un posible motín. Jesús es entregado para ser crucificado por la envidia de los líderes religiosos, la ignorancia del pueblo y el juicio injusto de Pilato, quien sufrirá oprobio por haber buscado su propio bien antes que la verdad.
A pesar de que Pilato sentencia a Jesús a la cruz solo por complacer al pueblo, Jesús sigue la voluntad de Dios en silencio y con perfecta obediencia. Vivir en este mundo de acuerdo con la voluntad de Dios es tan difícil como chocar con una potente ola con nuestro cuerpo. Por eso, muchas veces surgen malentendidos, sufrimos y nos vemos perjudicados.
No obstante, Jesús ya nos dio su ejemplo. Y Él no perdió al morir en la cruz por obedecer la voluntad de Dios, sino que venció a la muerte y triunfó. Por ende, recuerde que, si elegimos la voluntad de Dios con fe, cuando las exigencias del mundo contradicen su voluntad, Él nos mostrará una gracia inesperada para nosotros, pero prevista por Él.
El creyente debe vivir para alegrar a Dios y no para las satisfacciones egoístas del hombre.
Dios les guarde.






