Procesos combinan saberes ancestrales con herramientas técnicas.
Cerca de 2.500 familias wayuu, pertenecientes a aproximadamente 80 comunidades de Uribia y Manaure, han participado durante los últimos tres años en procesos orientados a fortalecer la seguridad alimentaria, el acceso al agua y la producción sostenible en la Alta Guajira.
Las iniciativas combinan conocimientos tradicionales relacionados con el cultivo, la conservación de semillas, el manejo del agua y el aprovechamiento de los recursos naturales con herramientas técnicas adaptadas a las condiciones climáticas y culturales del territorio.

De acuerdo con la Fundación Alpina, en La Guajira se han desarrollado 25 proyectos en cinco municipios, con la participación de 27 organizaciones aliadas y 7.813 personas. Parte de este trabajo se concentra en comunidades indígenas afectadas por la escasez de agua y las dificultades para producir alimentos.
Entre las soluciones implementadas se encuentran pozos profundos, sistemas de energía fotovoltaica y mecanismos de riego eficiente para el funcionamiento y fortalecimiento de huertas comunitarias. Estas tecnologías buscan facilitar el acceso al recurso hídrico y mantener la producción en medio de las condiciones propias de la región.

Los proyectos también parten del reconocimiento de los conocimientos que los pueblos indígenas han transmitido durante generaciones sobre los ciclos naturales, las semillas, los cultivos y los ecosistemas. Estas prácticas son consideradas fundamentales para conservar la biodiversidad y desarrollar sistemas alimentarios adaptados a cada territorio.
“Acompañar a las comunidades indígenas parte de reconocer y valorar el conocimiento que han construido durante generaciones sobre sus territorios. Desde ahí, buscamos trabajar junto a ellas, aportando herramientas que fortalezcan sus propias prácticas y respetando siempre sus formas de vida, su cultura y sus decisiones”, señaló Elver García, coordinador técnico nacional de la Fundación Alpina.

La organización también acompaña procesos similares en el departamento de Vichada, con comunidades de los pueblos Sikuani, Amorúa y Sáliva pertenecientes al resguardo Kanalitojo.
En ese territorio, cerca de 30 familias participan en el establecimiento y fortalecimiento de cultivos de marañón, mientras que alrededor de 18 familias trabajan en procesos de seguridad alimentaria mediante conucos sostenibles y patios productivos.

Además de proporcionar alimentos, estos sistemas permiten conservar diferentes variedades de semillas, proteger la agrobiodiversidad y facilitar la transmisión de conocimientos entre generaciones.
Según la fundación, las experiencias desarrolladas en La Guajira y Vichada buscan que las comunidades continúen gestionando sus territorios y fortalezcan sus capacidades para enfrentar situaciones como la variabilidad climática, la escasez de agua y la degradación de los suelos.







