Edicion noviembre 5, 2026

Reactivación del gasoducto Antonio Ricaurte proyecta nuevas oportunidades de inversión y empleo para La Guajira

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La reactivación del gasoducto Antonio Ricaurte vuelve a tomar relevancia dentro de la estrategia energética del país y abre nuevas expectativas para La Guajira, donde el proyecto contempla obras, contratación de bienes y servicios y generación de empleo.

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De acuerdo con información divulgada por la Vicepresidencia de la República, la infraestructura permitiría habilitar una ruta adicional de suministro de gas natural hacia la Costa Caribe, diversificar las fuentes de abastecimiento y reducir la dependencia de las importaciones de gas natural licuado (GNL).

El proyecto contempla una capacidad inicial de transporte de 50 millones de pies cúbicos diarios, con posibilidad de aumentar progresivamente hasta aproximarse a los 500 millones de pies cúbicos diarios en el mediano plazo.

Según el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), Julián Buitrago, la rehabilitación del gasoducto representa una oportunidad estratégica para fortalecer la seguridad energética de Colombia, al recuperar una ruta de importación de gas por ducto y contribuir a reducir el déficit de oferta del combustible.

En cuanto al cronograma, los trabajos en campo están proyectados para el último trimestre de 2026 y la entrada en operación para mediados de 2027. Sin embargo, estos plazos están sujetos al cumplimiento de los requisitos legales, ambientales y regulatorios, así como a la obtención de una licencia específica de la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos (OFAC).

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La iniciativa también contempla beneficios potenciales para La Guajira mediante la contratación de mano de obra, la demanda de servicios y la participación de proveedores locales. Asimismo, una mayor disponibilidad de gas podría favorecer la actividad productiva y respaldar la generación de energía eléctrica durante las temporadas de sequía.

El proyecto cuenta con un contrato de suministro vigente entre Ecopetrol y PDVSA hasta finales de 2027. Su recuperación aprovecharía la infraestructura existente, lo que permitiría reducir costos y tiempos de ejecución frente a la construcción de un nuevo gasoducto.

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De concretarse el cronograma previsto, La Guajira tendría una nueva oportunidad de vincularse a un proyecto estratégico para el abastecimiento energético nacional, con expectativas de inversión y dinamización de la economía regional.

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