
La carrera por la Alcaldía de Riohacha 2027 ya comenzó. Circulan nombres, reuniones y propuestas, y eso es positivo: una democracia necesita debate. Pero hay una pregunta que debería acompañar cada propuesta: ¿cuánto cuesta y con qué recursos se va a pagar? Gobernar no consiste solo en identificar problemas. El verdadero reto está en convertir las necesidades sociales en políticas públicas financiables, ejecutables y sostenibles. Riohacha tiene problemas bien conocidos: agua potable, alcantarillado, vías, empleo, pobreza, vivienda, educación y servicios públicos. El Plan de Desarrollo Distrital 2024–2027 los reconoce. Sin embargo, hay una diferencia enorme entre decir “vamos a solucionar el agua” y presentar un diagnóstico completo con costos, fuentes de financiación y cronograma. Lo primero es discurso electoral; lo segundo es política pública.
¿Con qué recursos contamos? Riohacha ejecutó ingresos por unos $832.423 millones en 2025, con gastos por $797.832 millones. Tiene una dependencia del Sistema General de Participaciones del 57,8 %, deuda cercana a los $18.063 millones y un indicador de Ley 617 del 59,2 %. Esto significa que administra recursos importantes, pero depende fuertemente de transferencias nacionales. El próximo alcalde no puede mirar solo el presupuesto anual; debe considerar el Marco Fiscal de Mediano Plazo, regalías, capacidad de endeudamiento, pasivos y recursos realmente disponibles.

Una pregunta clave: ¿cuántos predios tiene Riohacha? Existen unos 55.738 predios, pero la información catastral está desactualizada. Esto afecta directamente el impuesto predial, una de las principales fuentes de ingresos propios. Por eso, a cada candidato habría que preguntarle: ¿cómo aumentará los ingresos sin subir impuestos indiscriminadamente? La respuesta debe pasar por modernización catastral, recuperación de cartera, lucha contra la evasión y mejor gestión de activos públicos. Cerrar las brechas sociales en Riohacha requeriría inversiones por unos US$372,7 millones, según el Banco de la República. Una cifra que supera las posibilidades del presupuesto distrital por sí solo. Por tanto, el gobierno siguiente debe combinar recursos propios, transferencias, regalías, cooperación, alianzas y gestión ante la Nación. No basta con prometer: hay que saber estructurar proyectos.
El agua es la prueba más importante. El servicio está a cargo de Aqualia hasta 2053. La pregunta de fondo no es si la operadora debe irse o quedarse, sino: ¿está Riohacha preparada para asumir el servicio si la concesión terminara mañana? La respuesta debe determinar el modelo que garantice agua continua y de calidad por los próximos 20 años.
Los problemas no funcionan por islas: la falta de agua se conecta con el empleo informal, el transporte deficiente y la vivienda precaria en la periferia. No son cinco problemas, es uno de desarrollo territorial. El próximo Plan de Desarrollo debe superar la lógica de “lista de obras” y convertirse en una herramienta de gestión por resultados. Sería ideal que cada candidato respondiera con datos verificables: qué va a resolver, cuánto cuesta, quién lo financia, cuándo se ejecuta, qué metas se alcanzarán y cómo se mantendrán las obras. Así pasaríamos de promesas a propuestas reales. Riohacha necesita más que popularidad: necesita capacidad gerencial. El próximo alcalde heredará contratos, deudas, necesidades y expectativas. Por eso, antes de elegir quién tiene más votos, preguntémonos: ¿quién sabe realmente cuánto cuestan las soluciones y cómo financiarlas? Porque prometer es fácil; gobernar es financiar, ejecutar, evaluar y responder. Y Riohacha ya no está para promesas sin presupuesto.






