
Josefa María Guerra Castro, quedó célebremente citada por el escritor y Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, en el epígrafe de su libro ‘El amor en los tiempos del cólera’. “En adelanto van estos lugares: ya tienen su diosa coronada“. Era la protagonista gracias al maestro Leandro Díaz, quien le dedicó el canto ‘La diosa coronada’, aunque no pudo conquistar el amor de esa joven nacida en San Diego, Cesar.
Por estos días el recuerdo de la mujer que sirvió de musa al genio ciego del vallenato regresó al conocerse su partida de la vida a los 92 años. La hija de Dámaso Guerra y María Castro, solía contar en detalle esa historia que comenzó en la vereda Tocaimo, jurisdicción de San Diego, Cesar, cuando tenía 15 años y el compositor comenzó a enamorarla mandándole recados con la finalidad de llenar las partes vacías de su corazón. Les pedía el favor a dos primas de ella.
La joven nunca aceptó, y lo conoció porque era amigo de su padre y sus hermanos Joaquín y Julio, quienes solían parrandear frecuentemente en su casa. Como no le paró bolas, eso fue suficiente para hacerle la canción dibujándola de una manera distinta.

Cuando el canto estuvo listo, Leandro Díaz para congraciarse con la muchacha le pidió el favor al acordeonero Julio Guerra, hermano de Josefa, para acompañarlo y darle una serenata en su casa. Todo quedó acordado en horas de la noche. Al sonar el acordeón y escucharse los primeros versos ella se levantó abriendo la ventana. Entonces, al ver que era el compositor llevó a cabo una acción inesperada.
Llena de rabia medio abrió la puerta y llevando en la mano un balde lleno de agua se lo arrojó. Ahí terminó ese intento de conquista que no tuvo un final feliz, porque la altiva diosa coronada dañó el encanto. Por esa acción pensó que sus padres la iban a regañar, pero no pasó nada. Solamente le dijeron que estaba mal hecho.
Con el paso del tiempo la canción tuvo el mayor reconocimiento, siendo Poncho Zuleta y Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, quienes la grabaron por primera vez en el año 1969. Ella, contó que en alguna ocasión se encontró con el maestro Leandro Díaz. Se le acercó y le dijo que era la diosa coronada, y gracias a ella le permitió ganarse buen dinero. Ese encuentro terminó cuando él le cantó un verso de la canción, pero esa vez no hubo baño con agua, sino sonrisas.

Con esa canción Josefa se convirtió en la muchacha fuente de inspiración, pero que el compositor nunca tuvo el viento a su favor sin poder empujar con fuerza sus sueños. Tampoco, se metió por ninguna hendija del corazón de la diosa.
Después de ese hecho, Josefa María levantó vuelo y se casó a los 26 años con Álvaro ‘El Pollo’ Daza, con quien tuvo seis hijos: Yolaida, Jaider, María Emilia, Orlando José, Cristóbal y Lucy Esther, viviendo por más de 45 años en el corregimiento de La Palmita, municipio de La Jagua de Ibiríco, Cesar.
A ella nadie la convenció de gustarle la exitosa canción, pero si le llamaba la atención ‘El cardón guajiro’, donde él citó que nunca salió derrotado por los avatares del destino en medio de una mudanza llena de oscuridad. “Ayer tuve una reunión con la pena y el olvido, después de una discusión la pena perdió conmigo Yo soy el cardón guajiro, que no lo marchita el sol”.
Ella fue la mujer donde Leandro Díaz no reinó en su vida, siendo solamente un enamorado solitario. Todo porque se le travesó en la inspiración del hombre que veía con los ojos del alma. Ese mismo que después tuvo la virtud de emparejar las cargas del sentimiento y ser cautivo por el amor, hasta cantarle a una morena que tenía sabor a primavera.

Canto macondiano
Gracias a Josefa María Guerra Castro, porque permitió que Leandro Díaz se sentara en la cascada del río Tocaimo y dijera muy convencido. “En adelanto van estos lugares, ya tienen su diosa coronada”. Eso sí, nunca pensó que esa diosa encopetada y de los encantos, llegara hasta el último recoveco del universo vallenato.
Cuando los capítulos de la vida se agotaron y la protagonista partió para el cielo, se vuelve a recordar esta historia única que tuvo lugar en un territorio bendito donde los cantos rompieron el silencio, el encanto le ganó a la adversidad y el olvido no tuvo espacio para decir adiós. Enseguida llegó el canto. “Señores, voy a contarles hay nuevo encanto en la sabana. En adelanto van, estos lugares, ya tienen su diosa coronada. La vida tiene buen adelanto y tiene diosa de los encantos”.
El escritor Gabriel García Márquez, siempre se fijó en la canción ‘La diosa coronada’ y en la última parranda con el maestro Leandro Díaz, estando acompañado de su hijo Ivo Díaz, le solicitó cantarla porque encerraba el encanto de Macondo vestido de añoranzas, y además era una reflexión sobre los episodios del amor donde los sueños no se atreven a marcharse porque el mundo late a toda prisa.
Cuando las letras se estaban agotando por el espacio previsto aparecieron varias frases del maestro Leandro Díaz, presentando los días en los tiempos amarrados por el sentimiento. “Si las mujeres no existieran el corazón de los hombres no tuviera oficio. El dinero acabó con el sentimiento por eso la poesía, las flores, los cantos y los detalles pasaron a segundo plano, sin pensar que lo bello de enamorar tiene su encanto”.






