Edicion junio 26, 2026

El poder y la ingratitud son evidentemente incompatibles

El poder y la ingratitud son evidentemente incompatibles

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Columnista - Luis Eduardo Acosta Medina
Columnista – Luis Eduardo Acosta Medina

Hay personas que cuando tienen Otro vestido solo se llenan de pretensión Sabiendo que el mundo cambia, así como cambia el tiempo el hombre tiene momentos que uno los nombra y es nada”

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Leandro, el filósofo natural describió de pies a cabeza a la gente que inmediatamente después que cambian de situación hacen una disrupción en su comportamiento, cambian de amigos, toman distancia de los familiares que les pueden dar un buen consejo, inclusive causan daño a quienes les dieron la mano cuando no eran nada, olvidando que como dijo Diomedes “La vida es un baile que con el tiempo damos la vuelta”.

Así fue, el aparte preliminarmente transcrito de la canción “Yo comprendo” de Leandro Diaz incluida por Jorge Oñate y Colacho en el LP “Campesino parrandero” en 1976 a propósito de algunas situaciones que uno observa a propósito del comportamiento que asumen aquellos que después que los nombran o eligen se transforman, o no se si es que eso los hace ver tal como son ingratos y arrogantes.

Los casos así, los hay como arroz partido, posan de humildes, generosos, cercanos, buena gente y mansas palomas y cuando tienen el garrote en la mano se voltean como una media, son una cosa cuando necesitan de uno y otra cuando piensan que es uno el que necesita de ellos, y así como cualquier tobillera de todo a mil, usan a uno y después lo mandan a la canasta de la ropita sucia, o directo a la basura  convencidos que más nunca caerán en nuestras manos, que equivocación!

Quienes así son,– hablo a partir  mi experiencia- tienen unos familiares y amigos de toda la vida, están cerca de ellos todo el tiempo, y cuando Dios los premia con poder económico, político y social, inmediatamente cambian de amigos, y sacan de su entorno y sin anestesia a aquellos familiares que consideran innecesarios, poco útiles o  incomodos para el logro de sus propósitos en su nuevo estatus de personas importantes, y se rodean de un comité de aplausos donde nunca faltan los Sacamicas, correveidiles, sobachaquetas, oportunistas y lambones que les dicen  “Tu no necesitan de nadie para eso estoy yo”, “Si se puede lo mas  se puede lo menos”, les dicen lo que el  adulado quiere escuchar y  nunca lo que este debe saber, eso los hace felices, pero cuando les llega la primera citación de una Asustaduria todos los aduladores desaparecen, porque cuando la vaina anda mal en el barco las primeras que se tiran al agua son las ratas, antes del naufragio, adentro queda el inerme Capitan; eso si  es el momento cuando se vuelven a acordar de aquellos a los que han tenido como las guayaberas, “Abiertos y por fuera”, eso no se perdona, que los perdone Dios.

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Tal vez por la crianza que me dieron, no entiendo porque  hay seres humanos circulando por este mundo que  una vez posesionados o posicionados, para hablar con ellos  uno tiene que pedir los “buenos oficios” de  los intermediarios, esos que   muchas veces exigen que se les cuente de antemano  que se va a hablar con ese “servidor” del Estado, de allí depende si le hacen a uno “la vuelta” o no, eso es humillante y además constituye una pretermisión de los Deberes de los Servidores públicos establecidos por los Numerales 1° y 3° del articulo 7° del Código de Procedimiento Administrativo y de lo Contencioso Administrativo que dicen que las Autoridades Públicas tendrán  frente a quienes a ellas acudan el deber de “Dar trato  respetuoso y considerado  a todas las personas  sin distinción” y “Atender a las personas que hubieran  ingresado en sus oficinas en el horario de atención al público” , el problema es que no hay ni fechas ni horarios, toca “Cazar” a los funcionarios para ver si la suerte nos acompaña y los encontramos en su “Sitio de trabajo”, y si allí se encuentra rogar a Dios para  que no  estén encerrados con el grupito que le lleva los chismes.

Y pensar que no hay nada más desagradecido que la plata y el poder, quienes se embriagan porque  han prosperado, tarde o temprano sufrirán el guayabo de las ausencias y trasnocharan solos  acariciando el deseo de resolver sus enredos  en una sola noche, sanar de un solo golpe todas las heridas causadas y las que   han recibido por las  malas decisiones ,  ahí enredados y con la vida como corcho en remolino extrañan la lisonja, echan de menos a sus  “nuevas amistades” y desean volver  a ser quienes eran antes, pero ya no hay marcha atrás, ,es imposible, la tristeza ya ha hecho peligrosos atajos  en su camino, el infortunio que parecía una utopía en los tiempos de gloria  ya ha tomado el control de su propia existencia, , así llega la nostalgia y las ganas  de contemplar la luz del sol y las pequeñas cosas, de volver a  hacer lugarizacion, de conversar  con aquellos “Nadie” con quienes antes compartía sentado en un andén lamiendo un  raspao y comiendo prójimo, echan de menos la mirada llena de ignorancia supina  y las palabras  sabias  de los mayores cuando daban consejos para llevar una vida transparente y fecunda, así es  aquellas palabras  que se olvidaron cuando el espejismo de la  codicia encandiló los ojos de la ambición.

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A veces uno se hace la pregunta, ¿El poder daña el corazón de os individuos  o ya eran así antes que la suerte visitara su vida? No lo se, pero no hay peor engaño que pensar que nunca más necesitaremos de las personas, sin saber que les espera como dice la canción que canta el Cacique de La Juanta,  la vida como en obediencia a perentoria  orden de procedencia divina nos sacude, nos golpea y nos hace  aterrizar , pero también nos da la oportunidad de aprender a no cambiar cuando nuestra vida cambia, solo así se podrá entender  que es menester  dejar que la vida duela para tener la gracia de recibir el alivio algún día cuando Dios  así lo decida, de esa única manera  la fe vuelve a ser mas grande que las dudas existenciales,  es el momento para  pedir a la Virgen con las rodillas en el piso piedad, que susurre a nuestros oídos palabras de consuelo y de absolución, pero solo se escuchara en la amarga espera el eco del  silencio y a veces la lejana voz del miedo  que te dice que todo está perdido.

Evaristo mi padre que fue mi gran maestro alguna vez escribió un discurso que conservo dijo que  las lecciones de la vida enseñan que hay decisiones que tenemos que tomar, cambios que tienen que ocurrir, miedos que tenemos que afrontar, soledades que tenemos que soportar y también hay lagrimas que tenemos que derramar, para que en el porvenir dejemos que sea nuestro corazón quien hable y sea Dios quien nos guie.

Definitivamente, no se puede olvidar   que el poder es transitorio y la ingratitud es la peor consejera!!

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