Edicion junio 3, 2026

Los apagones y las bajadas de energía en la Costa Caribe: un problema que no da espera

Los apagones y las bajadas de energía en la Costa Caribe: un problema que no da espera
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Columnista - Hernán Baquero Bracho
Columnista – Hernán Baquero Bracho

La región Caribe colombiana, especialmente los departamentos de La Guajira, Cesar, Magdalena y Atlántico, continúa padeciendo una crisis energética que se refleja diariamente en apagones, fluctuaciones de voltaje y constantes bajadas de energía que afectan hogares, comercios, hospitales, colegios e industrias. La situación ha dejado de ser un problema ocasional para convertirse en una preocupación permanente de millones de ciudadanos.

Las interrupciones eléctricas no solo generan incomodidad en los hogares. También ocasionan pérdidas económicas millonarias a comerciantes, empresarios y pequeños emprendedores que ven cómo sus equipos se dañan o sus actividades se paralizan durante horas. En una región donde las altas temperaturas son constantes, quedarse sin energía representa además un riesgo para la salud y el bienestar de la población.

Una de las principales causas de esta problemática es el deterioro histórico de la infraestructura eléctrica en la Costa Caribe. Durante décadas no se realizaron las inversiones suficientes para modernizar redes, subestaciones y transformadores, mientras el crecimiento urbano y poblacional aumentaba aceleradamente la demanda del servicio.

Muchos de los circuitos eléctricos que hoy operan en estos departamentos fueron diseñados hace varias décadas para una demanda mucho menor a la actual. Las ciudades crecieron, surgieron nuevos barrios, aumentó el comercio y se expandió la industria, pero las redes quedaron prácticamente iguales.

En departamentos como La Guajira y Cesar, la dispersión geográfica también dificulta la prestación eficiente del servicio. Existen comunidades alejadas donde las redes son extensas y vulnerables a fallas ocasionadas por fuertes vientos, tormentas o altas temperaturas.

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El intenso calor característico de la región Caribe constituye otro factor determinante. Durante las olas de calor, el consumo de energía aumenta considerablemente debido al uso masivo de aires acondicionados, ventiladores y sistemas de refrigeración. Esa sobrecarga termina afectando transformadores y líneas de distribución.

Las pérdidas técnicas y no técnicas siguen siendo otro grave problema. El robo de energía mediante conexiones ilegales continúa impactando fuertemente el sistema eléctrico regional. Muchas redes trabajan sobrecargadas debido a estas conexiones irregulares que terminan deteriorando aún más la infraestructura.

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A ello se suma la cultura del no pago que históricamente ha golpeado la sostenibilidad financiera del sistema eléctrico en algunos sectores de la Costa Caribe. Las elevadas carteras morosas reducen la capacidad de inversión y mantenimiento de las empresas operadoras.

Sin embargo, sería injusto responsabilizar únicamente a los usuarios. También ha existido falta de planeación estatal y ausencia de políticas energéticas contundentes para atender las necesidades reales de la región Caribe colombiana.

La transición entre operadores eléctricos tampoco solucionó completamente la crisis. Tras la salida de Electricaribe, muchos ciudadanos esperaban un cambio inmediato y definitivo. Aunque han existido avances en algunos sectores, los apagones y las fluctuaciones continúan siendo frecuentes.

En Atlántico y Magdalena, por ejemplo, las bajadas de energía se presentan incluso varias veces al día. Los electrodomésticos sufren daños constantes y las familias terminan pagando altos costos por reparaciones y reposiciones.

Los comerciantes pequeños son quizá los más afectados. Tiendas, restaurantes, talleres, salones de belleza y negocios familiares dependen totalmente del servicio eléctrico para operar. Cada apagón representa pérdidas económicas que nadie les compensa.

En La Guajira, la situación adquiere dimensiones aún más delicadas en comunidades rurales e indígenas donde el acceso estable a la energía sigue siendo limitado. Paradójicamente, el departamento posee uno de los mayores potenciales de generación eólica y solar del país.

Resulta contradictorio que mientras La Guajira se proyecta como epicentro de energías renovables para Colombia, muchas poblaciones guajiras continúan padeciendo interrupciones constantes y un servicio deficiente.

Otro aspecto preocupante es el impacto de los fenómenos climáticos. Los fuertes vientos, lluvias intensas y tormentas eléctricas afectan frecuentemente postes, redes y transformadores en toda la región Caribe.

Las podas insuficientes de árboles cercanos a las líneas eléctricas también generan múltiples fallas. En muchas ocasiones, ramas que hacen contacto con las redes producen cortocircuitos y apagones prolongados.

La falta de mantenimiento preventivo es otro factor que no puede ignorarse. En numerosos sectores, las comunidades denuncian transformadores recalentados, postes deteriorados y redes obsoletas que llevan años esperando reemplazo.

Las pérdidas económicas regionales derivadas de esta crisis energética son enormes. La competitividad empresarial se reduce cuando las industrias no cuentan con estabilidad eléctrica para operar eficientemente.

El turismo igualmente se afecta. Hoteles, restaurantes y establecimientos turísticos requieren un servicio continuo y confiable para atender adecuadamente a visitantes nacionales e internacionales.

La solución requiere inversiones multimillonarias, pero también voluntad política y una verdadera articulación entre Gobierno Nacional, gobiernos departamentales, alcaldías, empresas operadoras y ciudadanía.

Es urgente acelerar la modernización de redes, ampliar subestaciones, implementar tecnologías inteligentes y fortalecer el mantenimiento preventivo. La Costa Caribe no puede seguir soportando un sistema eléctrico frágil y vulnerable.

Asimismo, debe fortalecerse la cultura ciudadana frente al uso responsable de la energía y el pago oportuno del servicio. Combatir las conexiones ilegales será clave para disminuir las sobrecargas del sistema.

La región Caribe merece un servicio eléctrico digno, eficiente y estable. La Guajira, Cesar, Magdalena y Atlántico no pueden continuar viviendo entre apagones, fluctuaciones y daños eléctricos permanentes. Resolver esta problemática no solo mejorará la calidad de vida de millones de personas, sino que impulsará el desarrollo económico y social de toda la región.

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