
4. Y oí otra voz del cielo que decía: “¡Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados ni recibáis parte de sus plagas!”
Apocalipsis 18.
El libro de Apocalipsis menciona repetidamente la caída de Babilonia (Ap. 14:8; 16:19-20; cap. 17 y 18). El capítulo 18 describe la destrucción de la ciudad de Babilonia utilizando el formato de la lamentación. Un ángel que descendió del cielo proclama la caída de dicha ciudad y explica las razones por las que será juzgada por Dios.
El Juez Justo ha decretado juicio contra ella por su fornicación, su soberbia (vanagloria), su consumismo de productos de lujo y su idolatría. Sus pecados se agravan por haber llevado a toda la tierra a la fornicación.
Al fin será destruida para ser convertida en habitación de demonios, y se transformará en guarida de todo espíritu inmundo.
Dios juzgará a Babilonia sin misericordia, pero salvará a Su pueblo. Se refiere a los creyentes como pueblo mío por la relación especial y el amor que tiene hacia ellos. Los redimidos deberán irse de Babilonia en obediencia a este mandato (Ap. 18:4; Jer. 51:45); o de lo contrario, perecerán. Además, deberán adoptar una actitud firme para con la ciudad, huyendo de la tentación del pecado, y renunciando al pecado.

La amistad con el mundo implica la enemistad con Dios (Stg. 4:4). Babilonia ejerce influencia sobre toda nación y época. Vivimos en el mundo, pero no pertenecemos a él; podemos salir de Babilonia, acercándonos a Dios (Stg. 4:8). El espíritu de Babilonia se ha infiltrado también en las iglesias.
Examinemos nuestra vida y a nuestra iglesia constantemente para mantenernos puros en la fe y arrepentirnos de nuestros pecados.
El fin del mundo que nos confunde para que sigamos el camino del pecado, garantizándonos la falsa seguridad y la vana prosperidad, es la destrucción. Babilonia abunda de todo tipo de pecados, como el lujo, el libertinaje, la obscenidad, la idolatría, la arrogancia, etc. Los fieles deben abandonar estas conductas inmediatamente, al descubrir la verdadera naturaleza de la gran ramera que será juzgada por Dios. Deben recordar que solo hay descanso en Él y anhelar ingresar al reino de Dios, que abunda de verdadero gozo y vida eterna.
Seguir una vida soberbia nos alejará de Dios. El fiel no debe tomarle la mano a la fuerza del pecado.
Por el contrario, debe partir cuanto antes de Babilonia, que espera la destrucción y dirigirse al Señor.
El fiel debe alejarse del lugar del pecado y vivir fielmente como el Pueblo de Dios. ¡SAL DE ALLÍ AHORA MISMO!
Dios les guarde.






