Edicion marzo 10, 2026

Martha Peralta Epieyu,  la mujer que caminó con el pueblo

Con su pluma dorada
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Columnista - Delia Rosa Bolaño Ipuana (La pluma dorada)
Columnista – Delia Rosa Bolaño Ipuana (La pluma dorada)

En la arena ardiente de la península, donde el viento del desierto escribe historias del pasado y donde el pueblo wayuu ha aprendido a resistir al tiempo, a la sed y al olvido, surge nuevamente una voz que se levanta desde el alma del territorio. Esa voz tiene nombre de mujer propio Martha Peralta Epieyu.

Desde la tinta fina del pensamiento de La Pluma Dorada de la Guajira, esta no es solo una felicitación. Es una crónica breve del camino de una mujer que convirtió la política en servicio y la representación en compromiso.

Cuando una mujer indígena decide caminar en una tierra acostumbrada a ver el poder pasar de mano en mano, muchas veces entre los mismos de siempre, el camino de Martha Peralta no fue fácil.

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Ser mujer.
Ser indígena.
Ser wayuu.

Con su pluma dorada
Con su pluma dorada

En un departamento donde el machismo aún levanta muros invisibles, su figura comenzó a caminar contra la corriente.

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Pero Martha no hizo campaña como otros. No levantó imperios de propaganda ni se apoyó en las viejas maquinarias que cada cuatro años despiertan para volver a dormir sobre los recursos del pueblo.

Martha hizo algo distinto, hizo gestión.

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Mientras muchos hablaban de promesas, ella hablaba de necesidades. Mientras otros defendían intereses, ella llevaba a Bogotá la voz de un territorio que durante décadas fue saqueado, olvidado y administrado sin alma.

Y así, paso a paso, conversación a conversación, comunidad por comunidad, comenzó a tejer un camino.

Una voz wayuu en los oídos del poder, cuando llegó al Senado de la República, Martha no llegó sola. Llegó con el eco de las comunidades, con la brisa del desierto, con la memoria de los niños que aún esperan agua y con la dignidad de un pueblo que se cansó de ser espectador.

Desde allí, desde ese espacio donde tantas veces La Guajira fue mencionada solo como problema, ella decidió nombrarla como territorio de dignidad y de derecho.

Habló al oído del presidente Gustavo Petro. Le habló de Uribia. Le habló de la Alta Guajira. Le habló de hospitales, de ambulancias, de lanchas para salvar vidas en medio del mar y de las distancias.

Le habló de algo más profundo, de que el agua no puede seguir siendo negocio. De que la salud no puede seguir en manos de unos cuantos. De que La Guajira merece vivir con dignidad.

La campaña que no fue campaña

En estas elecciones, Martha volvió a caminar. Pero no con el ruido de las maquinarias. Caminó con la gente.

Con el respaldo del Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS), un partido joven que creyó en ella, Martha volvió a presentarse ante el país.

Muchos dudaron. Muchos dijeron que era imposible. Porque cuando no se compran votos, cuando no se reparten promesas vacías, el camino parece más difícil.

Pero ocurrió algo que en La Guajira siempre ha sido poderoso, el pueblo habló.

Cerca de 80.000 votos en todo el país. Miles de ellos nacidos del corazón wayuu.

Solo Uribia, la tierra del sol, la acompañó con casi 15.000 votos. Jóvenes, mujeres, hombres, comunidades que dijeron con dignidad: “El pueblo wayuu no se arrodilló”.

El grano de maíz que se volvió mazorca

Desde Riohacha, desde Maicao, desde Albania, desde cada rincón donde alguien creyó en la política hecha con honestidad, fueron cayendo pequeños granos de confianza.

Granos de maíz.

Y con esos granos se fue formando una gran mazorca de esperanza.

Hoy Martha Peralta vuelve al Senado no solo como senadora. Vuelve como símbolo de algo más profundo: la posibilidad de que la política en La Guajira vuelva a tener alma.

La esperanza de un pueblo

En medio de las luchas políticas, de las calumnias y de los obstáculos que siempre aparecen cuando una mujer decide liderar, Martha se mantuvo firme.

Con la manta bien puesta.
Con la palabra clara.
Con el corazón del lado del pueblo.

Por eso hoy, desde esta escritura que nace desde la tinta fina del pensamiento, La Pluma Dorada de la Guajira levanta su voz para decir que esta victoria no es solo de una senadora.

Es de las mujeres indígenas que sueñan con liderar.
Es del pueblo wayuu que se negó a vender su dignidad.
Es de los jóvenes que creen que la política puede ser distinta.

Una felicitación desde la amistad y la palabra

Hoy La Guajira celebra. Celebra que una mujer indígena, profesional, valiente y profundamente guajira vuelva a ocupar una curul para defender al territorio.

Celebra que la política pueda hacerse con el corazón.

Y desde esta pluma que escribe con el alma se levanta una felicitación sincera:

Felicitaciones, Martha Peralta Epieyu.

Que estos nuevos cuatro años sigan siendo camino, gestión y dignidad. Que la voz del pueblo wayuu siga escuchándose en el Senado de la República.

Y que nunca olvidemos algo que hoy quedó claro en las arenas de la península, cuando el pueblo camina con el corazón, la historia también camina con él.

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