Edicion febrero 25, 2026
Imagen de maratonistas de la antigua Grecia con la mirada puesta en jesus
Publicidad

Comparte

Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán

1. “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,

2. puestos los ojos en Jesús, el autor y consumidor de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

Hebreos 12.

Publicidad

Este capítulo le sigue al capítulo del gran “Salón de la Fe” de Hebreos 11 y comienza con un “por tanto”. Mi profesor del Seminario solía decirnos que cuando encontráramos un “por tanto” debíamos tratar de averiguar por qué estaba allí. Al ver esa larga lista de seguidores fieles de Dios del Antiguo Testamento, esto debería animarnos a perseverar en nuestras respectivas carreras.

Sin embargo, la motivación máxima no termina con el hombre, sino con el gran “Dios hecho hombre”, Jesús mismo. Debemos fijar nuestra mirada en Él y considerar a aquel “que sufrió tanta contradicción de parte de los pecadores” lo cual nos ayudará a no cansarnos ni desmayar (v. 3).

Publicidad
Imagen de maratonistas de la antigua Grecia con la mirada puesta en jesus
Imagen de maratonistas de la antigua Grecia con la mirada puesta en jesus

Hasta que no tengamos nuestros propios hijos va a ser difícil entender cuando los padres comienzan la disciplina de sus hijos con “esto me va a doler más a mí que a ti”. Sin embargo, la disciplina es una gran forma de amor. Uno de los abusos de los niños más subestimados es simplemente ignorarlos cuando tienen la necesidad de disciplina.

He visto niños y adolescentes rebeldes no necesariamente porque querían hacer el mal sino sólo porque querían la atención de sus padres. Y si esta atención viene en la forma de disciplina, incluso eso se percibe como mejor que nada.

Publicidad

Los niños más maduros y seguros son los que han encontrado la disciplina amorosa en sus hogares.

La maratón era la estrella de las Olimpíadas de Grecia Antigua. Como los atletas corrían descalzos, y sin ropa, podían ingresar solamente hombres al estadio. La razón por la que corrían sin ropa era para alcanzar la velocidad máxima. Para ganar, debían quitar cualquier cosa que fuera a significar peso.

Así es también en la carrera de la fe. Necesitamos quitarnos la carga de la ley, de la vergüenza y el remordimiento, de la preocupación y de la aflicción, de todo aquello que nos puede atar. Cuando nos despojamos del viejo hombre, nos vestimos del nuevo hombre y seguimos la verdad y la justicia (Ef. 4:22-24), podemos acabar el camino de la fe y obtener la corona de victoria.

Los creyentes enfocamos nuestra vista en Jesucristo y anhelamos la gloria de la resurrección de Jesús en la cruz. Dios les guarde.

Publicidad

úLTIMAS NOTICIAS

Noticias Más Leídas

Publicidad
Publicidad