
En Colombia se habla de inclusión. Se legisla sobre inclusión. Se imprime un tarjetón en nombre de la inclusión.
Pero en la práctica, cuando llega el día de elecciones, al indígena no se le incluye: se le oculta, se le condiciona y se le silencia.
Este 8 de marzo, cuando el país acuda a las urnas para elegir Senado y Cámara de Representantes, nuevamente los pueblos indígenas de Colombia y en particular los Wayúu y Wiwa del norte y sur de La Guajira enfrentaremos una barrera histórica que no es nueva, pero sí profundamente injusta: el tarjetón de la Circunscripción Especial Indígena existe, pero no se ofrece; está impreso, pero escondido; está permitido por la ley, pero negado en la práctica.
La exclusión que se disfraza de igualdad
La Constitución Política de Colombia reconoce de manera expresa los derechos políticos de los pueblos indígenas.
El artículo 40 consagra el derecho fundamental a elegir y ser elegido.
El artículo 171 establece la Circunscripción Especial Indígena para el Senado de la República.
El artículo 176 reconoce las circunscripciones especiales para la Cámara de Representantes.
El artículo 7 protege la diversidad étnica y cultural.
El artículo 13 obliga al Estado a garantizar una igualdad real y efectiva.
Sin embargo, en la práctica se confunde igualdad con homogeneización, olvidando que la verdadera inclusión exige diferenciación, pedagogía y acción afirmativa.

El tarjetón especial no puede ser un privilegio que haya que pedir
Hoy, en muchas mesas de votación, el jurado no ofrece el tarjetón indígena. El indígena debe pedirlo, saber que existe, explicarlo.
Esto no es inclusión; es exclusión silenciosa.
En La Guajira, gran parte de nuestra población indígena no domina el español, no sabe leer ni escribir, no ha recibido pedagogía electoral suficiente.
¿Puede llamarse inclusión a un derecho que solo se ejerce si se sabe exigir?
La ley protege al indígena, pero la práctica lo excluye
La Ley 1475 de 2011 y el Código Electoral reconocen la circunscripción indígena como acción afirmativa.
Las acciones afirmativas obligan al Estado no solo a crear la norma, sino a garantizar su efectividad real.
Cuando el tarjetón se imprime pero no se ofrece; cuando se retira la imagen del candidato indígena; cuando no hay pedagogía intercultural; cuando se exige al indígena el mismo nivel procedimental que a quien tuvo educación formal, no hay igualdad: hay exclusión estructural.

Marta Peralta Epieyu y cada candidato indígena como representaciones necesita garantías reales
La Guajira cuenta hoy con una mujer indígena que abrió camino: Marta Peralta Epieyu.
Pero su liderazgo no puede sostenerse si el sistema electoral sigue poniendo barreras a sus electores.
Cuando el indígena no vota por su candidato indígena no es por falta de voluntad, es por falta de acceso.
Esos votos terminan siendo absorbidos por listas ajenas, que se llevan el poder y el desarrollo, mientras nuestros territorios siguen esperando.
No basta con imprimir el tarjetón: hay que entregarlo
La inclusión no es un tarjetón guardado.
La inclusión es ofrecerlo.
Es preguntar con respeto: ¿Desea usted votar por la Circunscripción Especial Indígena?

Eso no vulnera la ley. Eso materializa la Constitución.
Llamado colectivo y urgente
Como ciudadana indígena, como votante, como mujer wayúu y como La Pluma Dorada de La Guajira, hago un llamado:
A la Registradora Nacional del Estado Civil, para que garantice el ofrecimiento activo del tarjetón indígena y pedagogía intercultural.
A los legisladores, para que esta realidad se convierta en reforma efectiva.
A la senadora Marta Peralta Epieyu, para que lleve esta causa como proposición en el Senado.
A los palabreros y organizaciones étnicas de Colombia, para que esta petición sea colectiva.
La inclusión no puede seguir siendo un discurso.
Un tarjetón escondido también es una forma de negar el voto. Este 8 de marzo, Colombia debe demostrar que la diversidad se garantiza en la urna.
La Guajira ya despertó.






