El SENA Regional Guajira certificó a 105 artesanas y artesanos Wayuu en tejido y fortalecimiento productivo, en articulación con la Fundación Cultivo de Amor, impulsando su autonomía económica y la preservación cultural en cinco comunidades del territorio.
El SENA Regional Guajira certificó a 105 artesanas y artesanos Wayuu en tejido y fortalecimiento de capacidades productivas, como parte del Proyecto de Empoderamiento de Mujeres Wayuu, una iniciativa desarrollada en articulación con la Fundación Coreana Cultivo de Amor. El proceso se llevó a cabo en las comunidades de Ipamana, Ipashirrain, Koushalain, Tutchonka y Tutchon, donde durante varios meses se impartieron formaciones orientadas a mejorar la calidad del tejido tradicional y promover habilidades de emprendimiento en la población participante.

Este proceso se llevó a cabo de acuerdo a un memorando de entendimiento suscrito entre ambas entidades, el cual establece fortalecer las capacidades artesanales y empresariales de las mujeres Wayuu y así lograr una mejoría en la calidad de vida y la suficiencia económica de las mujeres. Bajo este propósito, el SENA asumió la operación académica del proceso, brindando espacios de formación, acompañamiento técnico, inscripciones, seguimiento y evaluación del aprendizaje.

“Cuando una mujer wayuu fortalece sus saberes y logra mejorar su economía, toda la comunidad avanza. Estos procesos demuestran que la formación funciona cuando transforma realidades y abre oportunidades donde antes no existían”, afirmó Francisco Javier Campo Polanco, dinamizador de CampeSENA y Full Popular.

Las capacitaciones incluyeron técnicas de control de calidad, organización del proceso productivo, estrategias de emprendimiento, manejo básico de negocios y orientación hacia la comercialización. Al finalizar, los participantes fueron certificadas en Acabados para , un aval académico que amplía sus oportunidades y fortalece su visibilidad en mercados artesanales locales, regionales y nacionales.

Desde la Fundación Cultivo de Amor, el acompañamiento incluyó la provisión de materiales, logística, seguimiento comunitario y orientación socioeducativa para asegurar que el proceso respondiera a las necesidades culturales y económicas del territorio Wayuu. Este proceso formativo no solo reconoce el dominio técnico de los oficios ancestrales del pueblo Wayuu, sino que también fortalece la autonomía económica de las mujeres, principal eje del proyecto. En estas comunidades, el tejido es un saber cultural que se transmite de generación en generación y constituye una fuente de ingresos fundamental para muchas familias. Sin embargo, factores como la desigualdad, la pobreza y las dificultades de acceso a la educación han limitado por años la capacidad productiva del territorio.






