Edicion junio 1, 2026

DIOS NOS LEVANTA CON LA PALABRA

DIOS NOS LEVANTA CON LA PALABRA
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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán

12. “Tras el terremoto hubo un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego se escuchó un silbo apacible y delicado”.

1 Reyes 19.

Una persona desanimada necesita una nueva misión. Dios le dice a Elías, quien se lamenta: “sal fuera y ponte en el monte delante de Jehová” (v. 11).

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Después que haya pasado un viento grande, terremoto y fuego, Dios manifiesta Su presencia en un silbo apacible y delicado. Dios obra poderosamente como el fuego; otras veces, consuela llamándonos con un silbo apacible a los quebrantados de corazón. Dios le encomienda a Elías, que está desanimado por Jezabel, la misión de preparar a personas que acabarán con la casa de Acab. Para esto, serán apartados Hazael, Jehú y Eliseo. La noticia de que hay siete mil santos que no se han inclinado ante Baal le da a Elías nuevas fuerzas para levantarse otra vez. Dios nos da una nueva misión y nos ayuda a cumplirla.

Una vez recibido el supremo llamamiento de parte de Dios, Elías se va del monte Horeb a buscar a Eliseo, hijo de Safat. Lo halla conduciendo la última de las doce yuntas de bueyes (24 bueyes), arando la tierra. Eliseo estaba trabajando en el campo, junto con la gente del pueblo. Elías echa sobre Eliseo su manto de cuero, un acto simbólico de una invitación a ser su sucesor.

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Entendiendo exactamente lo que esto significa, Eliseo le pide algo de tiempo para despedirse de sus padres. Elías le da el permiso para volver a su casa, y Eliseo mata sus bueyes, quema el arado de sus bueyes y se prepara para salir detrás de Elías. Se requiere determinación y denuedo para tener una consagración absoluta.

El nivel de nuestra fe se manifiesta mejor en momentos de desesperación que en momentos de alegría. No obstante, son muy pocas las personas que buscan a Dios o claman a Él en oración al enfrentarse al peligro. Si no encuentran a alguien que los ayude, se dan por vencidos y se entregan a la desesperación y a la derrota. Sin embargo, Dios jamás abandona a Sus hijos. Por el contrario, se acerca a donde sea para consolarnos con la Palabra y nos vuelve a poner de pie.

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Por ende, cuando nos enfrentemos a situaciones desesperantes, debemos pensar en Dios y enfocar en Él nuestro corazón y nuestra mirada. Solo cuando nos concentremos en la Palabra que Él nos da, podremos superar la frustración y volver al lugar de la misión.

Dios consuela y levanta a Sus elegidos con la Palabra para que cumplan su propósito.

Dios les guarde.

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