La confirmación del contacto telefónico entre el presidente colombiano, Gustavo Petro, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, abrió un nuevo frente de confrontación en la arena política nacional. El diálogo, del que se conocieron detalles en Washington y Bogotá, fue interpretado de forma opuesta por sectores opositores y fuerzas afines al Gobierno, elevando la temperatura del debate en plena campaña electoral.
El intercambio se produjo luego de semanas de tensiones diplomáticas y discrepancias públicas en torno a la estrategia antidrogas y la relación bilateral. Trump divulgó el acercamiento a través de un mensaje en su red social, calificando el diálogo como “un honor” y anticipando un encuentro en Washington. Petro, por su parte, describió la conversación ante sus seguidores en la Plaza de Bolívar y sostuvo que el canal directo entre las cancillerías debe mantenerse.

Las reacciones en el país no tardaron. Desde la oposición, voces críticas cuestionaron el tono y el contenido del contacto, acusando al Gobierno de actuar con debilidad frente a Estados Unidos. Algunos precandidatos aprovecharon el episodio para lanzar ataques contra Petro y sus aliados y para insistir en la tensión diplomática como asunto electoral.
En contraste, el oficialismo y sectores próximos al Pacto Histórico defendieron el acercamiento, señalando que abrir mecanismos directos de diálogo resulta conveniente en un escenario global complejo. También destacaron que Colombia debe tramitar sus desacuerdos con Estados Unidos a través de la diplomacia y sin rupturas.
De acuerdo con lo expuesto por Petro, la llamada duró alrededor de media hora y abordó asuntos como la sustitución de cultivos ilícitos, la política contra narcóticos, el uso de químicos en la aspersión aérea y la crisis venezolana. Asimismo, dijo haber planteado la necesidad de discutir el cambio climático y mantener una cooperación bilateral más estable.
Mientras desde Washington se avanzaría en los preparativos de una eventual reunión presidencial, en Colombia el episodio se convirtió en combustible para la disputa interna, tanto en las calles como en redes sociales. Con el calendario electoral en marcha, la política exterior volvió al centro del debate y expuso nuevamente la profunda polarización que atraviesa al país.






