Edicion junio 22, 2026
Columnista - Emilio Gutiérrez Yance

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La vida está en constante cambio, y aquello que ahora resulta doloroso, difícil u oscuro, … brotará en forma de fortaleza, madurez y crecimiento. Seguro que, si te pones a reflexionar un poquito sobre ello, eres capaz de encontrar situaciones como ésta en tu vida, donde nada es lo que parece…y que el tiempo colocó en su lugar.

Columnista – Emilio Gutiérrez Yance

Se dice que las personas que se autodefinen como afortunadas son capaces de detectar y aprovechar oportunidades en el momento adecuado. Cuando se les presenta un nuevo camino, lo transitan sin dudarlo.
En cambio, con la gente desafortunada sucede exactamente lo contrario, viven fijados en una rutina. Así que, aunque se les presente una oportunidad, tienen mucho miedo de aprovecharla.
Ante esa premisa, cuando caminaba por la calle un hombre sintió una fuerte atracción por un papelito que pisó sin ningún cuidado, no es normal que nos llame la atención un papel tirado en el pavimento, pero en este caso y por un sentimiento inexplicable, el hombre levantó el papel y notó que era un cheque por una suma de dinero considerable y además endosado.
Le tomó un buen tiempo tomar la decisión de ir a un banco a ver si era cierta tanta belleza, y aunque sabía que era muy posible que el cheque ya tuviera orden de no ser pagado, había que salir de la duda, aunque tuviera esa sensación en el estómago de estar cometiendo un delito.
Sin embargo, el hombre, al todo o nada, entró y salió del banco con una gran suma de dinero sin ningún problema, y aunque ese sentimiento de culpa le pegaba fuertemente en su honradez, nadie reclamó nada. Este dinero ayudó al hombre a pagar una deuda que no lo dejaba dormir y hasta hoy, agradece a la suerte y al destino haberlo encontrado, aunque en el fondo siente que ese cheque estaba ahí para él…
¿Pero cómo es posible esto? Tendría que existir una fuerza divina del mismo nivel de un ángel que protege y obra de manera milagrosa, o una de ultratumba como la muerte que aparece cuando quiere para llevarse al elegido a una mejor vida. La suerte sería una especie de energía que sigue a esas personas desprevenidas para darles una ayuda con el fin de mantener ese balance del mundo entre lo malo y lo bueno, eso sí. Sin darle a todos todo. Ayudando de a pocos por aquello de su espectacularidad.
Una mujer que llevaba esperando tres meses una prueba para ingresar en una empresa muy importante tenía muy claro que su entrenamiento había sido juicioso y que estaba lista para ser parte de ese sueño, despertó temprano, se dispuso a tomar un café y se resbaló en la cocina fracturándose el tobillo, y así, con el dolor infinito, físico y emocional, vio cómo se desvanecía el sueño.
¿Y a quién le echa uno la madre en esos casos, al universo? ¿A Dios?… Mientras miraba al cielo le preguntó: ¿Por qué me haces esto?… Dios está muy ocupado para explicarnos cada cosa que hace, a él le gusta obrar de maneras misteriosas y al final de todo siempre se sale con la suya. Pero ese tema es harina de otro costal.
Entonces, si existe la buena suerte que aparece de vez en cuando y a unos pocos favorecidos, también debe existir en un plano de balance la mala suerte, esa entidad bacana que anda por ahí viendo cómo le daña el caminado a los que están jugando a la segura, y que ya están arriba del bus de la victoria para bajarlas de una sola patada y dejarlos en cero con las ilusiones rotas… Una entidad de maldad, considero, peor que la muerte, porque ella te lleva y listo, pero la mala suerte te deja sin nada, vivito y coleando.
Lo cierto es que, aunque suena a una historia de ficción, pues así pasa cada día. Hay personas que parecen iluminadas por la buena suerte y hay otras que en cambio viven agarradas por el hocico por la mala fortuna sin ver la luz al final del túnel. Y eso es una cosa tan cierta que aterra. ¿Pero qué se puede hacer?
Entonces si existe la buena suerte que aparece de vez en cuando y a unos pocos favorecidos, también debe existir en un plano de balance la mala suerte.
Pues no hay receta conocida con la efectividad necesaria para hacerla viral, y no les voy a hablar de amuletos de buena fortuna y de baños con plantas que tuvieron la mala suerte de terminar sus días fregando un cuerpo que con sus hojas pretende lavar su mala racha.
La cosa es que no se trata de la buena o la mala suerte, se trata de seguir caminando sin darse la posibilidad de pensar en lo bueno y en lo malo que evidentemente podría pasar, al contrario, hacer las cosas con la convicción y la seguridad de que están bien hasta donde nuestras capacidades lo permitan, dejar de fijarnos en lo que hacen los demás para establecer puntos de comparación odiosos, trabajar duro ignorando las críticas destructivas y haciendo todo con amor.
Como dice una frase “Siempre habrá alguien que dude de ti. Solo asegúrate de que esa persona no seas tú” …
Así, no nos da tiempo de pensar en la aparición de la buena o mala suerte, al contrario, hace que se dé lo que tenga que pasar con naturalidad, y que estemos preparados para enfrentar las dos caras de esa moneda de la fortuna con la sonrisa que merece el hecho de que, si todo saliera perfecto, estaríamos muy aburridos…
“La verdad no sé cómo terminará mi historia…Pero les aseguro que sus páginas nunca vas a leer que me di por vencido”.
Y es cierto que, en muchas ocasiones, lo que nos parece una bendición acaba convirtiéndose en una pesadilla, mientras que, en tantas circunstancias, lo que parece un revés, quizás nos abre la puerta a una situación que, con el paso del tiempo, agradeceremos.
Considero que no hay que juzgar las situaciones según las consecuencias que a priori traen consigo. Nada es bueno ni malo. La vida está en constante cambio, y aquello que ahora resulta doloroso, difícil u oscuro, … brotará en forma de fortaleza, madurez y crecimiento. Seguro que, si te pones a reflexionar un poquito sobre ello, eres capaz de encontrar situaciones como ésta en tu vida, donde nada es lo que parece…y que el tiempo colocó en su lugar.

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