Edicion enero 9, 2026

OASIS URBANO: Una apuesta artística de recuperación de espacios públicos

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María Isabel Cabarcas Aguilar
María Isabel Cabarcas Aguilar

Por las escaleras que comunican las calles 13 y 12A de Riohacha en la carrera 9, fuimos muchos los que transitamos asiduamente. En mi caso, era el mejor camino para visitar sorpresivamente a mi papá quien trabajó durante más de 25 años en Desalud donde se pensionó, lugar en el que hoy queda la Secretaría de Salud Departamental y en el que él y mi mamá se conocieron en la década de los años 60. Al pasar por allí, había un saludo necesario a las queridas hermanas Curvelo Pana, doña Isila, y doña Isis, amigas entrañables de mi mamá, quienes luego serían la bisabuela y la tía bisabuela de mi hijo Manuel Antonio de Jesús, justo porque así sucede con la vida y sus muchas vueltas. 

Por ese callejón hoy se ofertan las más exquisitas arepas de queso y de maíz cariaco de Riohacha, también jugos, chicha y friche, en un lugar recientemente reformado y espléndidamente atendido por Ena Luz Torres y su equipo de colaboradores, quien con su exquisita sazón viene conquistando cada vez más paladares. Al mismo tiempo, un restaurante ubicado al lado de esa casa, ofrece variados almuerzos que combinan comida paisa y guajira preparada con la misma dedicación, pues une a los miembros de aquella familia el amor por la cocina y el espíritu emprendedor.

En el evento de inauguración, por invitación del señor Alcalde Genaro Redondo Choles, tomó brevemente el uso de la palabra el Doctor en Antropología Weildler Guerra Curvelo, para compartir un poco de la historia de ese emblemático sector de la ciudad que fuera su barrio. Relató que dieciséis casas de madera fueron obsequiadas en el gobierno del General Gustavo Rojas Pinilla, de más de 1700 que llegaron a Colombia desde Finlandia de las cuales la mayoría se entregaron en Barranquilla. A los padres del Antropólogo, les correspondería la casa número 11, y de esa manera en gratitud por las nuevas viviendas, el barrio fue bautizado como Villamizar Flórez en honor al militar que hizo posible el levantamiento de aquel lugar en la década de los años 50 cuando La Guajira era una intendencia gobernada por este.  

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Las mismas familias fundadoras son las que hoy lo habitan y se han mantenido en su mayoría allí, en medio de un agradable ambiente  fraterno que se parece mucho a una familia extensa la cual se ha engrandecido aún más, con los descendientes de cada núcleo aunque no residan allí. 

Por ello, la noche decembrina en que el “Oasis Urbano” fue inaugurado, la emoción era tanta que podía sentirse en el ambiente, pues se cumplía el sueño de muchos de ver ese lugar florecer con el talento artístico de la pintora y escultora Johanna Cerchiaro, autora de ese bellísimo proyecto que surgió para ser liderado por la Alcaldía Distrital de Riohacha a través de la Dirección de Cultura que hoy encabeza dignamente Gerardo Toro Aguilar. Tanto el burgomaestre como el director, recordaron anécdotas de infancia sucedidas en ese sector, que hoy hacen parte del acervo invaluable de recuerdos de ambos y de la memoria colectiva de sus moradores. 

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En medio de una excelente programación donde la música, la danza y el canto fueron protagonistas, les fueron entregados a los vecinos, los certificados de compromiso con el cuidado común de dicha intervención, pues es bien sabido del enorme valor de la corresponsabilidad para lograr que esta obra se mantenga en el tiempo y este es, sin duda, un trabajo de todos. 

Este innovador proyecto marca el inicio de un corredor de arte en distintos sectores hasta llegar a la Catedral Nuestra Señora de los Remedios. Anhelo y mucho, que más espacios así se logren, y que colmen de regocijo no solo a sus moradores, si no, a quienes transitan por la ciudad. Son estas las iniciativas que impulsan la necesaria transformación que tanto merece Riohacha. 

Escribiendo sobre este importante acontecimiento, llega a mi mente el reciente recuerdo de lo detallado en diciembre, siendo epicentro el poblado de San Nicolás (Aruba). Su sector céntrico se ha ido llenando de bellos y coloridos murales, colmando de arte el paisaje urbano, atrayendo con entusiasmo a los turistas que llegan a la isla. 

También llegó el recuerdo de la reciente invitación que recibí de los esposos Benjamín Romero Barliza y Maya Romero, quienes lideran en Oranjestad su exitosa empresa de bebidas fermentadas artesanales llamada Granny Mati´s Drinks, que me llevaría junto con mi hijo Manuel Antonio de Jesús y mi amiga Zylena Todd, a Downtown Food & Art Festival en Weestraat cerca del muelle de cruceros, donde su stand fue uno de los favoritos de la noche expendiendo cocteles sin alcohol, junto a muchos emprendedores más quienes ofertaban exquisitos y bellos productos que los turistas y locales adquirían con emoción la festiva noche del 7 de diciembre.

Por ello, creo que una apuesta interesante para generar nuevas opciones que inviten a vivenciar de una manera diferente el ambiente citadino vespertino y nocturno de Riohacha, serían este tipo ferias que además de ofrecer variados productos, sean el escenario ideal de bellas muestras culturales pues el inmenso talento local merece ser visible, valorado y aplaudido. Todo esto en el marco de una programación ampliamente difundida que permita que más personas se sumen y participen, aprovechando esta oferta local que seguramente impactará no sólo en el impulso a las unidades productivas de emprendedores y empresarios, sino también, en la sana integración e interacción de la ciudadanía alrededor de las artes, la literatura, la cocina y la cultura.

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