La Madre

“El regalo más hermoso, que a los hijos da El Señor, es su madre y el milagro de su amor”.
El mes de mayo es conocido en el mundo católico como el mes de la Virgen María y, en muchos países, también como el mes en donde se celebra la fiesta de la madre.
Los colegios se esmeran para honrar de mil maneras, tanto a la madre celestial como a las terrenales, el comercio se prepara para hacerse, aún en mayo, su agosto 7 y las propagandas de los eventos y regalos están más regados que la verdolaga, para sugerirnos mil ideas que se acotejen a nuestras ganas y presupuesto, pues no todas las veces el palo está pa’ cuchara o la masa, pa’ bollo.
Mamá es mamá, no hay tutía que valga y por ello “toitico te lo consiento, menos faltarle a mi madre”, así que cada quién con su cada cual se prepara para hacerle a su cucha, un día memorable.
Recuerdo esos días que junto a mis hermanas, desdentadas y con trenzas, preparábamos un emotivo programa donde nada era dejado a la improvisación.
Con las moneditas de los vueltos le brindábamos un desayuno de arepuelas de Quintina y Chicha rosada de donde Tirsa y ya ella, a este punto, iniciaba a sonreír.
Los coralitos del vecino cascarrabia ejercían, el día de las madres, una especial atracción, y zuás, al mínimo descuido y bajo la compinchería de sus nietos, arrancábamos del florido árbol, 3 o 4 corales para obsequiarlos a mamá en forma de ramillete, en su fiesta. Ella aceptaba el regalo retrechera, un poco preocupada por causar malestar al vecino, pero entendía que era su día y todo se valía.
Las poesías, acrósticos, cantos, dramas y bailes eran interpretados por sus 3 pelá, exhibidos en un escenario doméstico, hecho con trapos, cajas de cartón y demás perendengues que le hacían tanta gracia a la matrona por lo recurrente que éramos, sobre todo la del medio, la más avispada de todas: “es que esa muchachita hace de todo”, solía decir, mientras se deleitaba con el espectáculo.
Usando el cartoncito de anotar “el fiao”, adquiríamos un regalo de tienda: jabones, champú y hasta una peinillita negra de palito que serviría para enrularse los domingos y que la hacía salir de sus casillas cuando no la encontraba en su puesto y concluíamos, con broche de oro la celebración, cuando un amigo de la familia llegaba con su guitarra y le cantaba un par de boleros a nuestra reina sin corona, sin tesoro ni tierras, pero real y majestuosa a nuestros ojos.
Con estudio, esfuerzo y trabajo, las cosas cambiaron como es el deber ser del justo actuar y fue así que con linos y sedas, con oro, plata y cristal, con vinos y banquetes, cuando nos llegó la hora, no nos tembló el pulso para festejarle su día y quizá si ella recordaba y extrañaba sus coralitos, pero eso sí, el amor no mutaba, intacto e inmenso permanecía.
Un solo pulmón pa’ todo, lo fue mi mamá y trascendió a la eternidad a través de su descendencia que constantemente la recuerda y en el día de la madre la honra con flores y oraciones ¿y yo? Con mis letras y poesías que tanto le gustaban:
Aquí habitas, matrona querida, dentro de mi alma acompañas mi andar con tu buen ejemplo me sirves de guía Y tu tumba fría mi amor sabe entibiar.






