Nacida en Maicao, La Guajira, Wanda Torreblanca es una mujer de 34 años que ha construido su trayectoria sobre tres pilares fundamentales: la familia, la fe y el servicio a los demás. Esposa, madre de dos niñas, empresaria y líder social, ha encontrado en el trabajo comunitario una misión de vida. Especialista en Gerencia de Proyectos y gerente de la Fundación Rosa Iguarán, ha impulsado iniciativas orientadas al fortalecimiento de las mujeres, la preservación de la cultura wayuu y la generación de oportunidades para comunidades vulnerables del departamento.
Quienes han trabajado a su lado destacan su compromiso con las comunidades, su capacidad de gestión y su cercanía con las personas. A lo largo de los años, ha promovido proyectos enfocados en el desarrollo social y comunitario, consolidándose como una de las líderes que aporta al crecimiento de diferentes sectores de La Guajira.

Hay proyectos que nacen de una idea y otros que nacen de una convicción profunda. La Fundación Rosa Iguarán forma parte de estos últimos.
Hace más de ocho años iniciamos un camino con un propósito claro: contribuir al bienestar y al desarrollo de las comunidades más vulnerables de La Guajira, especialmente de las mujeres wayuu, fortaleciendo sus capacidades, promoviendo su autonomía económica y generando oportunidades para cientos de familias.
Como mujer, madre, esposa y líder social, he comprendido que el cambio comienza cuando una persona decide creer en sí misma y trabajar junto a otros para alcanzar objetivos comunes. Esa convicción dio origen a nuestro trabajo y continúa guiando cada una de nuestras acciones.

A través de la Fundación Rosa Iguarán hemos acompañado procesos de empoderamiento femenino, fortalecimiento artesanal, liderazgo comunitario, atención a la niñez, economía solidaria y preservación cultural. También hemos trabajado junto a comunidades indígenas, entidades públicas y organizaciones aliadas para desarrollar iniciativas enfocadas en el bienestar colectivo.
Actualmente trabajamos con más de veinte comunidades ubicadas en los municipios de Uribia, Riohacha y Maicao, impactando a más de seiscientas familias y fortaleciendo procesos productivos y de liderazgo de mujeres wayuu que encuentran en sus conocimientos ancestrales una oportunidad para generar ingresos y preservar su identidad cultural.
Pero ningún proyecto se construye en solitario.

Detrás de cada logro también ha estado el apoyo de mi esposo, Humberto Iguarán. Su confianza y acompañamiento han sido importantes durante este recorrido. En los momentos de mayor exigencia, su respaldo ha contribuido a mantener firme el propósito que inspira nuestro trabajo.
Humberto no solo ha sido mi compañero de vida; también ha acompañado de cerca la consolidación de este proyecto social. Juntos hemos entendido que servir a las comunidades implica compromiso, dedicación y responsabilidad, pero también la satisfacción de observar cómo las acciones desarrolladas generan oportunidades para las personas y fortalecen los procesos comunitarios.
Cada reconocimiento recibido, cada proyecto ejecutado y cada comunidad atendida representa el esfuerzo de un equipo comprometido y el resultado de años de trabajo orientados al bienestar colectivo.

Hoy seguimos avanzando con la misma convicción del primer día: contribuir para que más mujeres desarrollen su potencial, para que las comunidades indígenas cuenten con mayores oportunidades y para que La Guajira continúe destacándose por la riqueza de su cultura, su talento y su capacidad de transformación.
Mi mayor satisfacción no está en los reconocimientos ni en los cargos que he ocupado. Está en saber que hemos aportado al fortalecimiento de comunidades, acompañado procesos de crecimiento personal y contribuido a abrir oportunidades para otras mujeres.
Porque cuando el propósito orienta el camino, los esfuerzos se convierten en acciones que generan cambios positivos y dejan huellas en la vida de las personas.






