Edicion marzo 2, 2026

Un viento de cambio en La Guajira

Un viento de cambio en La Guajira
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Columnista - Jean Breiner Robledo Meza
Columnista – Jean Breiner Robledo Meza

La Guajira, un territorio cargado de historia, cultura y resistencia, está viendo cómo el viento, fuente inagotable de energía limpia, se convierte en la promesa de un futuro mejor. En medio de este panorama, se ha logrado un paso significativo: la protocolización de los acuerdos entre las comunidades Wayuu y la empresa Celsia para el desarrollo de los parques eólicos Camelia 1 y 2. Estos acuerdos, liderados por la Dirección de la Autoridad Nacional de Consulta Previa, ofrecen una oportunidad única para reflexionar sobre los desafíos y beneficios que implican los grandes proyectos de infraestructura en territorios étnicos.

Colombia, con su potencial para generar energía eólica, se encuentra en una fase crucial de transición hacia energías renovables. Se estima que La Guajira tiene el 60% del potencial eólico del país. La instalación de parques eólicos en la región podría generar cerca de 8.5 GW de energía, un factor clave para alcanzar las metas de descarbonización a nivel nacional. En términos económicos, el proyecto Camelia 1 y 2 tiene el potencial de generar 1,000 empleos directos durante su construcción y más de 100 empleos permanentes en su fase operativa. A nivel macroeconómico, el proyecto contribuiría con más de 300 millones de dólares a la economía nacional.

Sin embargo, más allá de las cifras, está la realidad de las comunidades Wayuu, que ven cómo su territorio ancestral se convierte en el epicentro de estos proyectos. El respeto por sus derechos, especialmente el derecho a la consulta previa, ha sido el centro de las negociaciones. Si bien la consulta es un avance, las dudas persisten: ¿Es suficiente para garantizar que los beneficios sean realmente compartidos?

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Los Wayuu han dejado claro que no solo luchan por compensaciones económicas, sino por la preservación de su identidad cultural y el impacto que estos proyectos tienen sobre sus tierras. Las medidas acordadas para mitigar los efectos sociales y ambientales son importantes, pero los cuestionamientos siguen abiertos. La compensación debe ir más allá de lo material y ser un verdadero reconocimiento a la relación histórica que estas comunidades tienen con la tierra. ¿Es el Diálogo lo Suficiente para Impulsar un Futuro Justo?

Los acuerdos firmados entre las comunidades Wayuu y Celsia, aunque un paso positivo, no deben ser el fin del proceso. Estos acuerdos abarcan desde la preconstrucción hasta el desmantelamiento de los parques eólicos, con un horizonte de operación de 30 años. Pero la verdadera pregunta es: ¿qué sucede después? ¿Cómo garantizar que las comunidades no solo reciban promesas, sino beneficios tangibles a lo largo de la vida del proyecto? A largo plazo, el desarrollo de los parques eólicos debe incluir un modelo de gestión conjunta que permita que las comunidades indígenas tengan voz y voto en cada etapa del proyecto. No podemos seguir viendo los recursos naturales como algo ajeno a quienes han cuidado de estas tierras durante siglos.

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El Llamado a la Reflexión: El Futuro se Construye Juntos el proceso de consulta previa, aunque clave, no debe ser una mera formalidad. Es necesario que se avance hacia un modelo de participación activa y de co-creación en proyectos que afecten a comunidades étnicas. No podemos permitir que el progreso se construya sobre la exclusión de aquellos que han sido los verdaderos guardianes de estas tierras.

Es urgente un cambio de paradigma: los derechos humanos deben ser la piedra angular de cualquier proyecto de infraestructura. Las comunidades indígenas no son meros actores pasivos; son aliados estratégicos en el desarrollo sostenible. El diálogo intercultural, la inclusión de sus perspectivas en la toma de decisiones y el respeto por su territorio son fundamentales.

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Así que, al contemplar el futuro de La Guajira y su rol en la transición energética del país, la pregunta es clara: ¿Qué tipo de futuro queremos construir? Un futuro en el que los intereses económicos prevalezcan sobre los derechos humanos, o un futuro en el que todos, sin excepción, tengamos un lugar en la mesa del progreso.

Es hora de dejar de ver el desarrollo como una imposición y empezar a construirlo juntos, de la mano de aquellos que más lo necesitan y lo merecen. Es momento de garantizar que los beneficios del viento de La Guajira lleguen a todos, sin dejar a nadie atrás.

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