
“Que un amigo es una luz, que brilla en la oscuridad, siempre serás mi amigo, no importa nada más…” cantaron en la década de los 90´s los miembros de la agrupación argentina de rock en español Enanitos Verdes la cual se convirtió en un himno a la amistad que muchos entonamos a grito herido y con lágrimas en los ojos en medio de fiestas, integraciones o despedidas pues probablemente se acercaba el instante de decirle adiós al colegio y emprender cada uno su camino de formación profesional en la universidad.
Hace unos años leí “recordar” del latín “recordis” volver a pasar por el corazón. Estos preciosos recuerdos, pasaron recientemente por mi corazón a propósito de la bella época recientemente vivida pues Navidad, Pascua y Año Nuevo se convierten en la temporada propicia para los reencuentros de amigos entrañables, de compañeros de colegio, de inolvidables vecinos y de amorosa familia. Es decir, de quienes ocupan un lugar privilegiado en nuestra vida.

En mi caso, los amigos han sido la familia que gracias a Dios elegí para ser compañía, consuelo y fuente permanente de afecto. En distintos momentos de mi vida ellos fueron llegando para no irse jamás. Por eso, motivados por el cariño que nos une, cada tanto buscamos distintas maneras de vernos para compartir, sintiendo en el corazón que el tiempo no ha pasado, que las anécdotas de los momentos vividos que tanto nos marcaron siguen siendo graciosas, que la vida ha sido extraordinariamente generosa al juntarnos y que existen motivos suficientes para seguirnos queriendo y considerando amigos.
Quizás la nostalgia me embarga hoy porque poco a poco muchos han retornado ya a otras ciudades o países y porque, tenemos todos la esperanza gigantesca de volver a vernos pronto para reírnos hasta descuadernarnos, para hacernos las bromas que nos hemos hecho desde hace más de veinte años con todas las licencias que nuestra cercanía permite, y para ponernos al día de nuestras cuitas, retos, dinámicas, sueños, anhelos y alegrías.

Mi mamá solía decir que los verdaderos amigos son los de la infancia y la juventud, y que había que valorarlos y cuidarlos. He aprendido en este camino que los amigos pueden llegar en cualquier etapa de la vida y mantener la amistad vigente es una labor humana bonita que como en el amor, diariamente debe hacerse. Numerosos estudios científicos de prestigiosas universidades como el publicado por la Universidad de Harvard, dan cuenta del impacto positivo que las conexiones positivas y genuinas le dan a la vida de las personas, e incluso su notable influencia en la salud, el bienestar y la longevidad. Este ha sido un factor recurrente evidenciado en los resultados de los estudios que se sumergen en las particularidades sociales de las llamadas “zonas azules” como Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia), Icaria (Grecia), Nicoya (Costa Rica) y Loma Linda (California), caracterizadas por la longevidad de sus habitantes quienes han superado ampliamente los cien años.
Hoy le llamamos también “La Tribu”. Un círculo sororo o fraterno de hermanas o hermanos que la vida en su infinita generosidad nos brinda, y con quienes se puede dialogar, compartir, crecer, aprender y evolucionar, en este mundo que avanza rápidamente en medio de una revolución digital que, si no estamos bien situados, fácilmente nos arrastra hacia un horizonte gris de confusión y falsedad.

Es allí donde adquieren mayor valor las redes de apoyo reales, presenciales y auténticas. Una amistad verdadera es un faro brillante de luz que trasciende el espacio y el tiempo. Principalmente en las circunstancias retadoras de la vida pues no es menos cierto que el camino no es lineal. Todo lo contrario, está lleno de altos y bajos y de eso se compone también, el sendero maravilloso de la aventura de nuestra existencia.
Que vivan esas relaciones auténticas que nutren la vida, que impulsan hacia los sueños, que acompañan en todo momento, que sostienen cuando todo tambalea, que están dispuestos siempre a estar presentes, que son guía sabia, amorosa y consciente, que sacan tiempo para los encuentros gratos, que entre lágrimas y risas caminan con nosotros de la mano y que merecen en todo momento a través de los años, ser llamados amigos.






