Edicion septiembre 28, 2026
UN CORAZÓN DISPUESTO A DIOS

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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
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5.  “Exaltado sea sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea tu gloria”.

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Salmos 57.

El salmo 57 tiene como contexto la huida de David de delante de Saúl a una cueva (1S. 24:1-7). Saúl persigue a David con los tres mil soldados más valientes de su ejército. David se describe a sí mismo como entre leones u hombres que vomitan llamas. En dicha situación tan apremiante, clama: “ten misericordia de mí, Dios” (v. 1).

Y describe la cueva oscura que le ha servido de refugio, como la sombra de las alas del Señor. Al clamar en oración, recibe la convicción de que Dios enviará misericordia y que le salvará. En cada momento crítico, David aprende a superar las dificultades confiando en Dios y es formado como un futuro líder. La aflicción purifica nuestra fe como el oro puro y nos ayuda a crecer como lideres preparados.

David tuvo que huir de Saúl injustamente; no sólo él, sino con los que le seguían. Esto sufrieron la misma aflicción. De hecho, durante diez años sufrieron persecución junto a David, aunque años más tarde, cumplieron un rol fundamental en la restauración del reino davídico. Aun en la oscuridad de la cueva, David ve en una visión a Dios ser exaltado sobre toda la tierra.

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Así, los pueblos dan las gracias al Señor, y las naciones alaban a Dios. Se tiene el deseo de anunciar al mundo la gloria de Dios. El corazón de David está dispuesto a cantar a Dios. Toda la comunidad liderada por David comienza la mañana exaltando a Dios. Un hombre de visión, alaba la gloria a Dios, en una situación en la que otros se quejarían y se lamentarían.

David, que se encontraba en peligro por sus enemigos, reconoce su propia impotencia y busca la ayuda de Dios. A pesar de las dificultades, David, confía en Dios y mantiene su corazón centrado en Él, pues reconoce que Dios es el único que puede liberarlo de esa aflicción. En tiempos de prueba, los creyentes no debemos quedarnos inactivos, sino que debemos afirmar nuestros corazones en Dios, orar y alabar.

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Debemos arrepentirnos de nuestros pecados, delante de Dios, presentarnos en santidad y pureza, alabar con fe, las obras de Dios, y dar gracias. Entonces, encontraremos fortaleza en nuestros corazones y conoceremos las sorprendentes victorias que Dios otorga

El hombre de fe, mantiene su corazón dispuesto únicamente al Señor, aun ante las calumnias y los ataques del enemigo, y solo lo alaba a Él.

Dios les guarde.

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