Edicion junio 16, 2026
SIGA LA CONCIENCIA DE LA FE

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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán

24. “Nadie busque su propio bien, sino el del otro “.

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1 Corintios 10.

Los cristianos priorizamos más el bienestar de otros, antes que nuestro propio bien. Pablo concluye de la siguiente manera el debate sobre lo sacrificado a ídolos: del Señor es la tierra y su plenitud, y, por tanto, podemos comer de todo. Pero, aunque todo sea ilícito y permitido, no todo conviene ni edifica.

No es bueno hacer nada que pueda atentar contra la buena conciencia. Nadie puede criticar a aquel que considere que todo alimento ha sido provisto por Dios y que come con acción de gracias. Pero, recordemos que un fruto del Espíritu Santo es la “templanza” o la capacidad de limitar nuestra libertad de comer y beber lo que deseamos en beneficio de los demás.

Una obra desinteresada tiene que ver con glorificar a Dios. Pablo procura agradar a todos para que muchos sean salvos, anteponiendo el beneficio del prójimo antes que el propio, siempre motivado por la salvación de las almas. Si no lo hiciera con el fin de glorificar a Dios, y tratara de agradar solo a los hombres, sería un acto egoísta y sin valor.

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SIGA LA CONCIENCIA DE LA FE

Pero, cuando buscamos agradar a los demás, cuidando siempre de no poner ningún tropiezo para que puedan aceptar el evangelio y ser adoptados como hijos de Dios, alegramos en verdad el corazón de nuestro Padre celestial.

Todos aquellos que imitan a Cristo, a Aquel que ha optado por la senda de la cruz en beneficio de la humanidad, glorificará a Dios.

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Así como el fiel goza de la libertad en Cristo, también tiene la responsabilidad de ejercerla correctamente. Cuando nos resulta difícil discernir qué está bien, y qué está mal, debemos examinar nuestra conciencia primero. De este modo, el cristiano maduro debe considerar, iluminado por la fe, cómo puede llegar a afectar al de fe débil.

Y, a pesar de que puede gozar de todo su derecho, si sus actos son un tropiezo para los demás creyentes o ateos, debe ser capaz de renunciar a sus libertades, ya que el cristiano que alegra a Dios es aquel que beneficia a los demás y hace todo por la gloria de Dios.

El creyente debe vivir para beneficiar a los demás y para la gloria de Dios.

Dios les guarde.

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