
La Pluma Dorada, plasma la pagina en blanco con la tinta fina de tu pensamiento inspirada en esta época dondee
San Juan del Cesar no nació de un mapa, nació de un canto. Desde sus primeros días, cuando los acordeones eran un lenguaje secreto entre los árboles del río cesar y las voces se convertían en memoria, este pueblo guajiro descubrió que su destino era componer el mundo. Allí, donde la brisa baja despacio de la Sierra Nevada y se mezcla con el polvo dorado del valle, surgiría un hecho cultural tan propio y tan universal como la misma poesía: el Festival Nacional de Compositores de San Juan del Cesar.

Nació cuando el canto era futuro
El festival nace a finales de los años sesenta, en tiempos donde la composición vallenata era un gesto sagrado. Los primeros gestores hombres de tertulias infinitas, guitarras que no dormían y versos que se escribían con el alma abierta, comprendieron que este municipio estaba destinado a preservar la palabra hecha melodía.
Nombres como Leandro Díaz, Gustavo Gutiérrez Cabello, Tomás Alfonso “Poncho” Castro, Carlos Huertas, Hernando Marín, Rosendo Romero, Gualberto Ibarreto, Roberto Calderón, Reinaldo “El Poeta” Montero, Luis Egurrola, entre otros juglares, comenzaron a trazar una identidad musical que pronto sería reconocida dentro y fuera del país.
De esas raíces nació el festival: un homenaje permanente al oficio de componer, una celebración anual que San Juan asumió como un compromiso con la memoria.

Los presidentes las manos que sostienen la musa
Varios presidentes han guiado esta fiesta de la palabra hecha verso. Cada uno aportó algo: unos la organizaron, otros la defendieron, otros la llevaron más lejos. Pero entre todos, uno ha marcado un antes y un después: Álvaro Álvarez, el Triple A, Seis veces presidente del Festival Nacional de Compositores.
Álvaro “Triple A” Álvarez: el hombre que convirtió un festival en un destino
San Juan lo vio crecer entre canciones y sus principales calles., lo escuchó soñar con un festival que trascendiera lo local sin perder su esencia. Con disciplina admirable, pulió cada detalle como un orfebre que trabaja sobre oro vivo. Ha tejido alianzas, fortalecido la estructura organizativa y devuelto brillo a la tarima, reforzando las tradiciones sanjuaneras: la piqueria, la poesía, la canción inédita, la canción profesional, la misa de apertura y el almuerzo de los compositores.

Su entrega es total.
San Juan lo ha visto trabajar bajo el sol inclemente, bajo la lluvia inesperada, en reuniones interminables donde su esposa Astrid Amaya es testigo silenciosa y cómplice amorosa de todo lo que significa llevar este festival en el alma.
En 2025 recibió la distinción más alta de la Asamblea Departamental de La Guajira, un reconocimiento a su entrega total acompañado siempre por su esposa Astrid.

. Un municipio que tiene compositores en la sangre
San Juan no solo celebra un festival: lo habita.
Aquí cada familia conoce al menos un verso de “La creciente”, una estrofa de “A mí no me consuela nadie”, un rastro íntimo de “La espina”, una melodía de “El cantor de Fonseca”, o un susurro profundo de “Mi poema”.
Entre vivos y muertos, estos son algunos de los compositores más relevantes que han marcado el festival y el país:
Gustavo Gutiérrez Cabello, el poeta del amor sereno.
Leandro Díaz, el juglar que vio la vida con los ojos del alma.
Hernando Marín, autor de dolores y esperanzas.
Rosendo Romero, el poeta del camino.
Roberto Calderón, quien escribió que el sanjuanero entrega el corazón entero.
Carlos Huertas, narrador profundo del paisaje.
Luis A. G. Egurrola, homenajeado este año, dueño de una sensibilidad musical que dejó huella.
Chiche Maestre, heredero de una tradición que respira grandeza.
Reinaldo Montero, otro emblema del sentir sanjuanero.
Fabián Corrales, quien también ha iluminado los caminos modernos del vallenato.
Cada uno ha puesto una frase, una melodía, un instante nacido del alma sanjuanera

El ritual del festival, una liturgia del sentimiento, cumple su versión 48
Cada año, San Juan del Cesar se transforma en un templo donde se venera la composición.
La tarima Juan Rois, bautizada en honor al gran acordeonero, abre sus brazos al público que llega de todos los rincones del país. Bajo esa estructura cargada de historia, nacen nuevas canciones, nuevas amistades y nuevos sueños.
La celebración inicia con la eucaristía en la Iglesia San Juan Bautista, un acto que invoca la bendición para los juglares, los visitantes y las familias.

Luego llegan los concursos:
Canción inédita
Canción profesional
Piqueria
Jóvenes, adultos, mujeres, maestros, campesinos, músicos, todos participan porque aquí componer no es un oficio aislado: es un acto cotidiano, una forma de existir.
El almuerzo de los compositores, donde se elige al Compositor del Año, se convierte en un encuentro de sonrisas, anécdotas, versos improvisados y abrazos que solo se dan entre quienes comparten una misma raíz espiritual a cargo de su creador el maestro, columnista y periodista Hermes Francico Daza, con el festival y
San Juan vibra.
San Juan canta.
San Juan une los hogares,
San Juan revive su eterna juventud musical,
2025, El año de Luis A. G. Egurrola, en el marco de la 48 version del festival de composires
Este año, el homenaje es para Luis A. G. Egurrola, un compositor cuya obra es una ráfaga de sentimiento limpio. Su música dejó cicatrices dulces, esas que no duelen, sino que acompañan.
Álvaro Álvarez lo ha dicho, un festival sin memoria, es un festival perdido. Por eso, honrar a Luis A. Egurrola es honrar la esencia misma del sanjuanero que compone, vive, ama y canta.
El festival que quiere ser eterno
San Juan del Cesar entiende que un festival no se mantiene vivo solo con escenario y micrófono. Se mantiene vivo porque cada sanjuanero lleva un compositor en la sangre, porque escribir un verso o entonar una melodía es tan natural como respirar.
Por eso la apuesta del Triple A no es solo logística, es espiritual.
Quiere un festival internacional, universal, que se escuche más allá de La Guajira, que se reconozca en Colombia y el mundo como un altar donde se protege la composición vallenata en su forma más pura.
El festival no es un acto conmemorativo.
Es una vivencia diaria, una manera de sentir el mundo, un lugar donde las emociones se vuelven canciones, manifiesta el triple A desde el alma.
San Juan del Cesar es eso,
poesía que camina, música que habla, tradición que no se rinde, complementa esta pluma.
Epílogo, El corazón entregado
Como dice Roberto Calderón, “el sanjuanero entrega el corazón entero”.
Y eso hace este pueblo con su festival.
Se lo entrega sin reservas, como quien ofrece la herencia más sagrada.
Álvaro Álvarez, el Triple A, ha entendido este mensaje.
Por eso sigue limpiando, puliendo, perfeccionando cada edición.
Por eso sigue soñando un festival de lujo, de calidad, de trascendencia.
Por eso sigue construyendo, con su esposa Astrid a su lado, y su equipo de trabajo una historia que no se apagará.
Y mientras haya un sanjuanero respirando, componiendo, cantando, amando…
El Festival Nacional de Compositores seguirá siendo la patria del alma, la fiesta de la palabra de cada diciembre, el hogar sagrado donde la música se convierte en eternidad.






