
Cerca del Parque Padilla coincidí una mañana de febrero con Betsy Sierra. Una joven abogada de la Universidad de La Guajira quien ha venido explorando su talento creativo como chef de su restaurante Betsy Cook. Ella ha sido la encargada de alimentar a mi hijo enviándole sus almuerzos al Colegio Sagrada Familia, y no sólo a él, si no, a muchos niños más.
De ella recibí el anuncio de un espacio que se realizaría en algunos días en su restaurante con productos alimenticios traídos de la Amazonía, pues recientemente había llegado hasta allá por invitación de algunas organizaciones que crearon un intercambio de saberes, en donde ella representó dignamente al departamento de La Guajira.

Al llegar la noche de ese jueves a la cena, la mesa fue el primer regalo para la vista. Con un camino estéticamente logrado con frutas, velas, tubérculos, verduras y hermosas flores silvestres, se daba la bienvenida a los comensales. Poco a poco fuimos llegando para probar un menú de siete tiempos en el que, la chef había creado una especie de escalera de sabores en el que los ajíes y la cúrcuma acariciaban suavemente el paladar. Anduvimos entre olores, colores y texturas en pequeños y deliciosos bocados, logrados a punta de creatividad y un alto sentido de respeto por la sabiduría ancestral a la que había accedido nuestra cocinera anfitriona en la voz y la experiencia de sus propios portadores quienes generosamente los compartieron ella.

Todo inició con un tiradito de pirarucú, y luego una exquisita crema de ahuyama. El picante de los ajíes llegaría a manera de ceviche sobre una crujiente tostada de tapioca, para dar paso a la patarasca de bagre amazónico. A continuación, unas croquetas de pescado en farinha que darían paso a los sabores dulces del ritual del cacao que refrescaría el paladar con un helado en leche de coco, piña amazónica y praliné de macambo. Con un bizcocho de copoazú 100% cacao y un té de clavo, se cerraría esta inolvidable experiencia sensorial que conquistó los paladares de quienes tuvimos el privilegio de probar cada uno de esos siete pasos magistralmente logrados por un equipo liderado por la chef.

Debo destacar que, mi experiencia fue totalmente vegetariana, sin quitarle ello en absoluto, la sensación de exquisitez a lo vivido. Todo lo contrario, al haber retado a Betsy comprobé una vez más, que cuando se quiere se puede, y que hoy existen variadas opciones en la oferta local para complacer a quienes, como yo, han optado por el vegetarianismo en su alimentación, siendo esta una decisión de vida tomada conscientemente hace casi diecisiete años en mi caso.

Fue maravilloso también, compartir mesa con desconocidos, conversar, compartir, integrarnos y disfrutar juntos tan grata experiencia. Que vengan muchos más de estos espacios en Betsy Cook, y que su periplo culinario por las regiones de Colombia le siga permitiendo a La Guajira continuar brillando por sus sabores, y a ella, a Betsy Sierra, continuar en su proceso de aprendizaje y crecimiento para el deleite de quienes somos sus muy satisfechos clientes.






